Los dos doctores suizos de finales del siglo XVII fueron los primeros en identificar la nostalgia. Aquella dolencia que afectaba principalmente a los soldados en tiempos de guerra era, literalmente, dolor por la ausencia del hogar, del griego nóstos: volver a la patria. Durante casi doscientos años la enfermedad -que no solo se caracterizaba por un intenso anhelo de retorno, sino también por ansiedad, falta de apetito, desvanecimientos, dolor de estómago y, en el peor de los casos, la muerte- se consideró una dolencia física grave. La única cura para aquellos afectados gravemente por ella consistía en regresar a ese lugar añorado. Sin embargo, no se trata de un mal exclusivo de los seres humanos. Hay que reconocer que la nostalgia es la fuerza fundamental que atrae la vida a Kenai, a Alaska, a este rincón del continente. ¿Cómo llamaríamos si no a ese instinto, ese apremio anádromo desesperado, que empuja a los salmones a remontar este río y otros miles como este? ¿Qué otro motivo induciría a estos peces a regresar a casa, si no una nostalgia impresionante y, en última instancia, letal?
Todos los años, alrededor del diez de junio, los primeros salmones rojos vuelven al río Kenai desde el mar. Esta primera oleada se dirige hacia un afluente denominado río Ruso. Son predecibles en lo que al momento y al destino se refiere. Antes, a mediados de mayo, el primer salmón real o chinuc, remonta el río.
60 grados norte
Malachy Tallack (Islas Shetland (Escocia, 20 de noviembre de 1980)
Volcano Libros, 2018
De las islas Shetland de las que es natural viajó por Groenlandia, Canadá, Alaska, Siberia, San Petersburgo, Finlandia, Suecia y Noruega para volver nuevamente a casa, con miles de kilómetros, experiencias y sensaciones en el alma. Aquel viaje es el corazón de 60 grados norte (Volcano), un viaje -como reza en el subtítulo de la obra- en busca de su hogar.
El binomio que forman habitantes y lugar es retratado de forma precisa con un autor que nos acerca a la naturaleza, a los paisajes y nos pinta un retrato cercano y real que nada tiene que ver con la imagen que proyectan muchas de las ficciones de esos autores nórdicos tan de moda en los últimos años. Narrado en primera persona, el relato invita a la reflexión, a conocer mundo, tanto en el concepto geográfico como en el humano. Un viaje para reparar heridas de la ausencia y para contemplar algunas de las maravillosas estampas que deja este planeta.

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