martes, 15 de octubre de 2013

Albada (Jaime Gil de Biedma)

Despiértate. La cama está más fría
y las sábanas sucias en el suelo.
Por los montantes de la galería
    llega el amanecer,
con su color de abrigo de entretiempo
    y liga de mujer.

Despiértate pensando vagamente
que el portero de noche os ha llamado.
Y escucha en el silencio: sucediéndose
hacia lo lejos, se oyen enronquecer
los tranvías que llevan al trabajo.
    Es el amanecer.

Irán amontonándose las flores
cortadas, en los puestos de las Ramblas,
y silbarán los pájaros cabrones-
desde los plátanos, mientras que ven volver
la negra humanidad que va a la cama
    después de amanecer.


Acuérdate del cuarto en que has dormido.
Entierra la cabeza en las almohadas,
sintiendo aún la irritación y el frío
   que da el amanecer
junto al cuerpo que tanto nos gustaba
    en la noche de ayer,

y piensa en que debieses levantarte.
Piensa en la casa todavía oscura
donde entrarás para cambiar de traje,
y en la oficina, con sueño que vencer,
y en muchas otras cosas que se anuncian
    desde el amanecer.

Aunque a tu lado escuches el susurro
de otra respiración. Aunque tú busques
el poco de calor entre sus muslos
medio dormido, que empieza a estremecer.
Aunque el amor no deje de ser dulce
    hecho el amanecer.


Junto al cuerpo que anoche me gustaba
tanto desnudo, déjame que encienda
la luz para besarse cara a cara,
    en el amanecer.
Porque conozco el día que me espera,
    y no por el placer.



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Las personas del verbo 
Jaime Gil de Biedma y Alba (Barcelona, 13 de noviembre de 1929 - 8 de enero de 1990)

Ahora y aquí publico la segunda edición, imperceptiblemente aumentada, de mis poesías completas. Y que a lo largo de estos años he aprendido, bien o malbien y mal, a ser un encajador. Un aprendizaje modesto pero absorbente, que apenas permite escribir poemas. Quizá hubiera que decir algo mas sobre eso, sobre el no escribir. Mucha gente me lo pregunta, yo me lo pregunto. Y preguntarme por que no escribo inevitablemente desemboca en otra inquisición mucho mas azorante: ¿por que escribí? Al fin y al cabo, lo normal es leer. Mis respuestas favoritas son dos. Una, que mi poesía consistió sin yo saberlo en una tentativa de inventarme una identidad; inventada ya, y asumida, no me ocurre mas aquello de apostarme entero en cada poema que me ponía a escribir, que era lo que me apasionaba. otra, que todo fue una equivocación: yo creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema.