martes, 3 de diciembre de 2013

Gratitud (Marisa Madieri)

Junto a una ventana, yo hojeo estas páginas, que de improviso, pequeñas gotas en el océano de lo vivido, me parecen pobres e inadecuadas hasta para transcribir ni siquiera este momento de serenidad.
Fuera, la noche clara, rebosante de estrellas, guarda rostros y palabras que no sabré decir jamás. Gran parte de mi historia se hunde en esta dulce oscuridad, similar quizá a aquella, grande y buena, que me acogerá un día en la paz en la que ya habitan mi padre y mi madre.
Pero no siento tristeza, sólo gratitud. Si he regresado a Ítaca, si en los largos silencios de mi vida han resonado por un instante las notas del vals que los planetas y las estrellas, tan relucientes esta noche, danzan en la odisea de los espacios, siento que debo dar las gracias a una multitud de personas, incluso a las que he olvidado, que al quererme, o simplemente al estar a mi lado, con su presencia fraternal no sólo me han ayudado a vivir sino que son, quizá, mi vida misma.




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Verde agua
Marisa Madieri (Fiume, 1938 - Triestre, 1996)

Este relato-diario ha sido definido por la critica italiana como un pequeño clásico contemporáneo. El hilo conductor de la narración es el éxodo de los italianos de Fiume, ciudad que en 1947 paso a Croacia, dentro de la antigua Yugoslavia. Marisa Madieri vuelve a encontrar en la memoria los episodios trágicos y cómicos que marcaron su infancia, las personas con las que creció como la inolvidable abuela Quarantotto- y el ambiente del Silos de Trieste, un paisaje vagamente dantesco, un nocturno y humeante purgatorio, en el que vivió junto con otros refugiados hasta hacerse adulta.