viernes, 26 de diciembre de 2014

Introvertido (Susan Cain)

Hay, eso sí, conceptos que deben desterrarse acerca del introvertido. En primer lugar, no es sinónimo de ermitaño o de misántropo. Aunque algunos puedan serlo, en su mayoría son amigables como el que más. La de "¡Sólo quiero conectar!", una de las expresiones más humanas que se hayan escrito en lengua inglesa, salió de la pluma de E.M. Forster, escritor de personalidad claramente introvertida que la introdujo en una novela que exploraba la cuestión de cómo alcanzar "lo más excelso del amor humano". Tampoco tiene que ser tímido de manera necesaria. La timidez es el miedo a la desaprobación social o a la humillación, en tanto que la introversión consiste en la preferencia de entornos que no estén excesivamente cargados de estímulos. Esta no es, como aquella, dolorosa de manera inherente. Ambos conceptos se presentan solapados en ocasiones -aunque los psicólogos difieren en cuanto a la medida en que lo hacen-, y ese es el motivo por el que hay quien las confunde. Hay especialistas que representan las dos tendencias en ejes cartesianos, de tal modo que el grado de introversión o extroversión ocupa el de abcisas, y el de inquietud y estabilidad, el de ordenadas. Esta disposición ofrece cuatro cuadrantes de tipos de personalidad: extrovertidos tranquilos, extrovertidos nerviosos -o impulsivos-, introvertidos tranquilos e introvertidos nerviosos. Dicho de otro modo: cabe ser extrovertido y tímido, como Barbra Streisand, en quien se conjugan una personalidad arrolladora y un miedo escénico paralizador, o introvertido y resuelto, como Bill Gates, quien siempre guarda las distancias y, sin embargo, se muestra indiferente a la opinión de los demás.
También puede uno ser, claro está, tímido e introvertido a un tiempo, tal como le ocurrió a T. S. Eliot, autor de proverbial alma solitaria que escribió en Tierra baldía: "Te mostraré el miedo en un puñado de polvo".  Son muchos los cohibidos que se recogen en sí mismos, en parte por buscar un lugar en que refugiarse del trato social que tanta inquietud les provoca, y mucho los introvertidos que manifiestan timidez, no solo como resultado de entender que su tendencia a la reflexión tiene algo de reprochable, sino también porque su psicología los lleva, tal como veremos, a mantenerse alejados de entornos cargados de estímulos.




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El poder de los introvertidos
en un mundo incapaz de callarse
Susan Cain  (New York City (USA), 1968)

El poder de los introvertidos (en un mundo incapaz de callarse). El carácter, que determina en gran medida nuestra trayectoria personal y profesional, transita entre dos polos opuestos y complementarios: la introversión y la extroversión. Todos nosotros nos situamos en algún punto entre esos dos conceptos. La clave para maximizar nuestros talentos está en emplazarnos en la zona de estimulación más adecuada a nuestra personalidad. Así, los introvertidos se sentirán más vivos, más activos y más capaces en ambientes tranquilos, mientras que los extrovertidos ansiarán la estimulación.