jueves, 20 de noviembre de 2014

Paz (Vyasa)

Capítulo 2: Sāṅkhyayoga (el Yoga del Sāṅkhya o Conocimiento Discriminativo)
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58. Quien, al igual que la tortuga, vierte su conciencia hacia dentro, replegando sus sentidos de atracción que ofrecen los placeres externos, éste posee ecuánime sabiduría.
59. Cuando un hombre repliega sus sentidos, los placeres desaparecen, pero no el deseo de tenerlos. Éste sólo desaparece cuando el alma ha obtenido visión de lo supremo.
60. La impetuosa voluptuosidad de los sentidos arrastra a la mente hacia las cosas externas, perturbando así a los hombres sabios, buscadores de la perfección.
61. Hay que retraer la conciencia de los sentidos y verterla en la armonía interior sentándose pues en meditación y con devoción, el alma encuentra descanso en Mí. Cuando los sentidos están en armonía, se obtiene serena sabiduría.
62. El apego surge del deleite en los placeres de los sentidos; del apego surge el deseo y del deseo, la lujuria y el ansia de posesión; y esto conduce a la pasión y a la ira.
63. La pasión turba a la mente y merma la memoria, haciéndonos olvidar nuestro deber. Esto acarrea la insensatez, y la insensatez lleva al hombre a la destrucción.
64. Pero el alma que a pesar de estar en el mundo de los sentidos, mantiene sus sentidos bajo control está libre de apego y descansa serena.
65. En esta paz mental, toda tristeza o sufrimiento desaparecen, pues esa paz es sabiduría y en ella el corazón encuentra sosiego.
66. Un hombre sin disciplina, jamás obtendrá sabiduría, ni tampoco contemplación. Sin contemplación no puede haber paz, y sin paz, ¿cómo puede haber gozo?
67. Pues cuando la mente vaga tras los placeres de los sentidos, la pasión perturba su sabiduría, igual que el viento empuja un cascarón sobre las aguas.
68. El hombre que aparta sus sentidos de los placeres externos obtiene serena sabiduría.
69. Cuando es noche para los demás seres, el hombre disciplinado despierta a la Luz. Y lo que es día para los demás seres, para el sabio que puede ver, es noche.
70. Al igual que todas las aguas fluyen hacia el océano, y no por eso el océano se desborda, el sabio, aunque le surjan deseos, permanece en unidad inquebrantable con su paz interior.
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Bhagavad Gita (Majabhárata)
Vyasa (Kalpi (India) siglo III a.C.)

Arjuna, el principe Pandava, se detiene a contemplar el campo de batalla. Ante el se extiende el ejercito de los Kuravas, sus primos. La guerra sera fratricida. Arjuna se siente abrumado por las dudas, no desea luchar, verter la sangre de sus hermanos.
Ante el desaliento de Arjuna, su auriga Krishna, avatar del dios Visnu, toma la palabra para revelarle la razón de la lucha, el secreto de la existencia. Este sublime coloquio entre Krishna y Arjuna, llamado Canto del Señor, contiene la esencia de la filosofia vedanta, pero no solo eso: al no encerrar sus ideas en dogmas cerrados y rito anquilosados, este texto inspirado supero las limitaciones propias de las religiones para convertirse en un referente de todas las corrientes de espiritualidad tanto de Oriente como de Occidente.