miércoles, 25 de diciembre de 2013

Memoria (Eduard Márquez)

Abre uno de los cajones y le muestra un fajo de cartas.
-Lo siento. Algunas no tienen sobre ni sello. No es fácil encontrarlos. ¿Puedes ponérselos tú y enviarlas al llegar a casa? Son de la gente del museo.
Andreas Hymer las guarde en el bolsillo.
-Lo haré. No te preocupes.
-Escóndelas bien. Si te descubren en el aeropuerto, te las quitarán. No permiten que salga nada.
Andreas Hymer introduce la mano bajo la camisa y las saca. Las hojea con un nudo en la garganta. "Hola, hermanita", "Posiblemente sólo somos prisioneros", "Kurt", "Ahora que me he quedado sin las mías, las palabras de los otros me ayudarán a salir adelante y me liberan de la muerte", "Es como un trozo de lápiz sin mina y sirve para que suenen las notas. Lo llevo siempre en el bolsillo", "Un abrazo, Claude", "Me gustaría vagar por los parques y por las colinas plantando robles, hayas, abedules...", "Lo que daría para que alguien viniese a sacarme de aquí", "Soy feliz sabiendo que no corres peligro", "Cuando todo esto se acabe, estaré aquí esperándote. Te quiero mucho. Hasta pronto. Luca".
Las alas del avión desgarran las nubes.
Andreas Hymer reclina la cabeza en el asiento. Piensa en Amela Jensen, de pie en el rellano de la escalera, con la mirada velada por las lágrimas.
-No me olvides.
Si cierra los ojos, puede oírla tocar. Arraigada para siempre en el fondo de su memoria.


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El silencio de los árboles
Eduard Márquez (Barcelona, 1960)

El violinista Andreas Hymer llega a una ciudad asediada para dar un concierto y recuperar a su amor perdido, Amela Jensen. Allí, además, gracias a las palabras de Ernest Bolsi, que, a pesar de la guerra, hace de guía en el museo de musica vacío y cuenta historias a los visitantes para protegerles de la muerte durante un rato cada día, encontrara explicaciones y respuestas que le servirán para aceptar su pasado y entender la misteriosa desaparición de su madre, Sophie Kesner. Las historias entrelazadas de estos cuatro personajes alternan con las voces de los visitantes del museo, que escriben a sus familiares y amigos para ponerles al corriente de su situación. Sus cartas forman el telón de fondo real sobre el que se urde la trama novelesca y sirven para plasmar las emociones, la capacidad de supervivencia y de lucha, el miedo, el hambre, la miseria cotidiana de quienes deben enfrentarse a la muerte sin otra arma que la voluntad de vivir.