domingo, 10 de noviembre de 2013

Cuaderno (Cristina Peri-Rossi)

Cuando la pasión te ciegue,
vístete de negro
y vete adonde nadie te conozca.
(Proverbio hebreo)


El tren está a punto de arrancar. En esta misma estación, hace dos años, Aída y yo montamos en un vagón. En el compartimento estrecho hicimos el amor toda la noche. Ahora viajaré solo. Esta vez no he reservado compartimento. Iré sentado, como quien ha hecho una promesa. La promesa de velar. Soy el velador de Aída. Soy su guardián. Soy el soldado alerta de su memoria. He de escribir cada uno de nuestros recuerdos. Condenado al olvido por su áspero corazón, condenado al olvido por su cuerpo cerrado para mi como una cripta, seré el escriba de este amor. No imagino ninguna otra tarea que pueda hacer, ninguna otra ocupación en que pueda concentrarme. Sé que está en su casa, encerrada. Sé que ha cambiado los muebles de lugar, quizás ha derribado una pared. Sé que no contesta el teléfono, ni recibe a los amigos, ni responde a mis cartas. Está tumbada en su lecho, sola. El tren está a punto de arrancar. He comprado un cuaderno negro donde empezar a escribir.



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Solitario de amor
Cristina Peri-Rossi (Montevideo, 12 de noviembre de 1941)

Es el relato de una pasión amorosa y erótica, narrada desde la soledad que crea la imposibilidad de fusión-posesión con el cuerpo amado. El centro de esa pasión absoluta es Aida, el eje de toda la obra, no solo su persona, sino especialmente su cuerpo, sus gestos, sus olores, sus secreciones, sus vísceras, sus palabras.