viernes, 24 de enero de 2014

Vacío (Luis Mateo Díez)

Lo que pudiera contar es casi lo mismo que lo que pudiera recordar de un sueño, o de un mal sueño para ser más exacto. A veces pienso que un memorial sería lo más adecuado: poner sencillamente las palabras al servicio de los recuerdos, ordenadas con el único fin de que el olvido no se haga dueño y señor de ese reino de la nada en que se convertirá Celama.
El tiempo fluye con la misma inercia con que sucumbieron aquellos años de desconcierto, cuando la vida no parecía tener un sentido muy claro y la gente volvía a marcharse casi en la misma proporción en que los que se fueron dejaron de volver. Poco a poco se nivelaban las presencias y las ausencias, como si los que permanecían tuvieran borrada la idea de los que marcharon y aquellos se conformasen con la distancia que los haría desaparecer para siempre.
Esas presencias y ausencias se nivelaban a la baja, como todo en Celama, confluyendo en una reducción de la existencia misma: cada vez menos y con menos ganas, en las mismas hectáreas hueras, eso sí, que semejaban alcobas de casas que no se usan, donde los muebles no llenan el espacio sino que lo certifican, porque lo que ya no vale no ayuda a llenar lo que le corresponde sino a corroborar el vacío, que es lo que mejor promueve el abandono.


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El espíritu del páramo
Luis Mateo Díez (Villablino, León, 21 de septiembre de 1942)

Una de las grandes novelas españolas de los últimos años. Su autor lo publicó en 1996, creando con ella Celama, un territorio imaginario, pero reconocible y cuya familiaridad se impone por la fuerza del mundo narrativo.