lunes, 24 de junio de 2019

Lontananza (Siri Hustvedt)

En cierta ocasión, mi padre me preguntó si sabía dónde estaba en lontananza. Yo le dije que creía que en lontananza era otra forma de decir allá. Él sonrió y dijo: "No, en lontananza se encuentra entre aquí y allá". Esta pequeña anécdota me ha acompañado durante años como ejemplo de magia lingüística: se me identificaba un nuevo espacio -una zona media que no estaba ni aquí ni allá-; un lugar que, sencillamente, no había existido para mí hasta que alguien le dio nombre. Durante la breve explicación que mi padre elaboró del significado de en lontananza, y que siempre he pensado en ello desde entonces, en mi mente aparece un paisaje: me encuentro en la cresta de una pequeña colina, contemplando un valle desierto en el que se alza un árbol solitario, y más allá se extiende el horizonte, definido por una serie de lomas o altozanos. Esta imagen, tosca pero práctica, regresa a mí cada vez que pienso en lontananza, una de esas palabras magníficas que, como luego descubrí, los lingüistas denominan "variables": palabras que se diferencian de las demás porque obtienen su animación de quien las pronuncia y así se comportan. En términos lingüísticos, esto significa que nunca puedes encontrarte en lontananza. Tan pronto como llegas al árbol que está en lontananza, el lugar se convierte en aquí y se retrae para siempre hacia ese horizonte imaginario. El hecho de que aquí y allá se deslicen y resbalen dependiendo del lugar que ocupo me resulta emocionante, pues revela tanto la tenue relación que existe entre las palabras y las cosas como la milagrosa flexibilidad del lenguaje.
Lo cierto es que lo que me fascina no es tanto el hecho de estar en un lugar como el hecho de no estar en él: el modo en que los sitios perviven en tu mente cuando los has abandonado, la manera en que son imaginados antes de tu llegada, y su aparente capacidad de surgir de la nada para ilustrar un pensamiento o una historia como la de mi árbol en lontananza. Esos espacios mentales cartografían nuestra vida interior con más precisión que cualquier mapa "real", delimitando esas fronteras de aquí y allá que también conforman lo que vemos en el presente.


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En lontananza
Siri Hustvedt (Northfield, Minnesota, Estados Unidos, 19 de febrero de 1955)

En lontananza, una colección de ensayos “deslumbrantes”, en palabras de Robert Saladrigas. 
Sucede a menudo que en las parejas de escritores, artistas, filósofos, etc. uno de los componentes queda ensombrecido por el otro, generalmente son las otras quienes quedan reducidas al papel de seguidoras, secretarias, segundonas . La escritora de la que se ocupa este comentario podría ser tomada como ejemplo de ello: Siri Hustvedt es la madre de la cantante y actriz Sophie Auster, el padre de ésta es Paul Auster. Pues bien, si el autor de « Trilogía de Nueva York » suena a cualquier aficionado a la literatura , el nombre de Siri Hustvedt pasa como más inadvertido, a pesar de que méritos no le faltan para ser alzada al conjunto de las grandes escritoras, críticas de arte y literatura y ensayistas, pues a todo ello se dedica la señora y con indudable brillo y sagacidad.
Varias son las constantes en las obras de Siri Hustvedt: por una parte, su amor al arte, acercándose a tal con una hipersensibilidad en el que hace jugar un papel clave a la subjetividad cambiante que provoca que los cuadros o las lecturas sean vistos, leídos, o vueltos a ver o leer, con otra óptica más cargada de experiencias, sentimientos y conocimientos; esta sensibilidad singular se deja ver en sus análisis críticos al igual que en los personajes de sus obras narrativas, sin olvidar en su auto-análisis que nos entregó sobre ciertas dolencias que padeció y que valió los elogios de neuro-científicos tan sonados como Oliver Sack. No sería completa la lista de constantes del quehacer de la autora si no señalásemos la importancia que otorga a su condición de mujer.
Iñaki Urdanibia [kaosenlared.net]

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