miércoles, 16 de octubre de 2013

Años (Paul Nizan)

Yo tenía veinte años. No permitiré que nadie diga que es la edad más bella de la vida.
Todo amenazaba de ruina a un muchacho: el amor, las ideas, la pérdida de la familia, la entrada entre las personas mayores. Es dura de aprender su partida en el mundo.
¿A qué se parecía nuestro mundo? Tenía el aspecto del caos que los griegos ponían en el origen del universo, en las vaguedades de la fabricación. Solamente se creía ver en él el comienzo del fin, del verdadero fin, y no del que es el comienzo de un comienzo. Ante unas transformaciones extenuantes cuya clave se esforzaba en descubrir un número ínfimo de testigos, se podía simplemente percibir que la confusión conducía a la muerte de lo que existía. Todo se parecía al desorden con que concluyen las enfermedades: antes de la muerte que se encarga de hacer todos los cuerpos invisibles, la unidad de la carne se disipa; cada parte, en esa multiplicación, extrae su sentido. Esto acaba con la podredumbre, que no implica resurrección.
Muy pocos hombres se sienten entonces lo bastante clarividentes para desenredar las fuerzas ya en obra detrás de los grandes restos que se pudren.


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Adén, Arabia
Paul Nizan (Tours, 7 de febrero de 1905 - Audruicq, 23 de mayo de 1940)

Adén Arabia es el relato de un viaje. Egresado de la universidad, Nizan se embarca para Adén. Es el viaje por excelencia: la peregrinación y la fuga juveniles. Iba en busca de "la libertad, el desinterés, la aventura, la plenitud (...). (El viaje) contenía la paz, la dicha, la aprobación del mundo, la satisfacción consigo mismo". En Adén transcurren meses intolerables; curado de evasiones, Nizan regresa al poco tiempo. "Cerrado el círculo, una mañana vi el Castillo de If y, frente a unas colinas blancas, a Nuestra señora de la Guardia. Tenía mi merecido; los primeros emblemas que habían acudido a mi encuentro eran, precisamente, los dos objetos más repugnantes de la tierra: una iglesia, una prisión". Ha perdido la última ilusión en los paraísos terrenales. Adén le ha resultado más invivible aún que el infierno europeo porque, justamente, es un concentrado de ese infierno.