miércoles, 18 de marzo de 2015

Locura (Michael Greenberg)

El 5 de julio de 1996 mi hija se volvió loca. Tenía quince años y su desmoronamiento marcó un momento crucial en la vida de ambos. "Me siento como si estuviera viajando sin parar, sin ningún sitio al que volver", dijo en un momento de lucidez, mientras se dirigía hacia algún lugar que yo no era capaz de soñar o imaginar. Yo quería agarrarla y hacerla regresar, pero no había retorno. De repente, toda posible comunicación entre los dos se había desvanecido. Parecía imposible. Ella había aprendido a hablar conmigo; había oído sus primeros cuentos de mí. Y, sin embargo, de la noche a la mañana, nos habíamos convertido en extraños.
Mi primer impulso fue echarme la culpa. Como era previsible, traté de averiguar los errores que había cometido, en qué le había fallado; pero eso no era suficiente para explicar lo que había pasado. Nada lo era. Durante un tiempo deposité mis esperanzas en los médicos, y entonces comprendí que, aparte de la relativamente estrecha realidad clínica de sus síntomas, los doctores apenas sabían más de su enfermedad que yo. Los mecanismos que subyacen en la psicosis, descubriría, siguen estando envueltos en el misterio como lo han estado siempre. Y aunque esto dejaba pocas esperanzas inmediatas de curación, indicaba secretos más hondos.
Es una especie de sacrilegio hoy en día hablar de la locura como si fuera algo menos que la enfermedad química cerebral que es a cierto nivel. Pero había momentos con mi hija en que tenía la angustiosa sensación de estar en presencia de una rara fuerza de la naturaleza, como una gran ventisca o inundación: destructiva, pero a su manera asombrosa.


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Hacia el amanecer
Michael Greenberg (Miami Beach, Florida, 25 de mayo de 1954)

Un testimonio sobre la fuerza del amor, la superación y el optimismo, y la preciosa relación entre un padre y una hija. Esta es la historia del verano en que Sally, la hija de quince años del autor, sufrió una crisis nerviosa y se volvió loca. A partir de ese momento, padre e hija entraron en un mundo paralelo que transformaría sus vidas para siempre. Me siento como si estuviera viajando sin parar, sin ningún sitio al que volver, dice Sally en un ataque de lucidez.