domingo, 6 de septiembre de 2015

Distracción (Joseph Goldstein)

El primer paso de la meditación es calmar la mente y recoger la atención. La importancia de ello se revela en los inicios de la práctica; a menudo es la primera visión interior que logramos cuando empezamos a practicar la meditación. Nos damos cuenta por nosotros mismos de lo difícil que es controlar la mente. La mente es muy resbaladiza. Percibimos una respiración o dos, y luego la mente empieza a vagabundear. Nos vemos seducidos o distraídos por pensamientos, planes y recuerdos, en ocasiones, incluso desagradables. A menudo hacemos que vuelvan a cobrar vida viejas disputas o prejuicios. Saltamos a un tren de asociaciones, no sabiendo dónde nos hemos metido y sin tener ni idea de a dónde se dirige el tren. En algún lugar de la vía, nos despertamos del sueño de nuestros pensamientos, en ocasiones en una atmósfera mental totalmente distinta. Tal vez nos hayamos enredado en algún drama, en alguna emoción fuerte, o nos hemos contraído en una fuerte sensación de sí mismo, de ego. Durante todo el tiempo, no es más que el juego de nuestras mentes.
Adiestrar la mente es un poco como enseñar a un cachorro a sentarse. Lo hacemos sentarse y, poco después, está saltándote por encima, lamiéndote la cara y las manos. Vuelves a hacer que se siente: "siéntate, siéntate" ,y, de nuevo, en unos pocos instantes, está corriendo. Pero, con amable persistencia y dedicación, con el tiempo el cachorro aprende a quedarse quieto y a sentarse. Nuestras mentes se parecen mucho a este cachorro.
Unos versos del Dhammapada nos recuerdan que esta mente que vagabundea era igual en tiempos de Buda que ahora:

La mente se agita, es difícil
de controlar. El sabio la pone recta,
como un hacedor de flechas
endereza una flecha.

Por lo tanto, empezamos con un simple objeto de atención, como la respiración, y nos adiestramos a volver a ella aunque nos distraigamos una y otra vez. La primera visión profunda del hábito de la distracción nos conduce a comprender el valor y la importancia de fijar nuestra atención, puesto que los mundos que creamos en nosotros mismos y a nuestro alrededor tienen su origen en nuestras propias mentes.


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Un único Dharma
Joseph Goldstein ( New York, 1944)


En Un único Dharma, Joseph Goldstein nos introduce en una visionaria síntesis que apunta a un camino para que el budismo crezca y florezca en Occidente, mientras sigue enraizado en las enseñanzas de las grandes escuelas asiáticas: de India a Birmania y del Tíbet al Japón. Con una simplicidad derivada de la propia respuesta pragmática de Buda a la vida, Goldstein destila el tema fundamental que está en la base de todas las tradiciones: ¿Qué es lo que funciona a la hora de liberar la mente del sufrimiento?