viernes, 18 de octubre de 2013

Búsqueda (Julio Cortázar)

Todo esto nos deslumbró un poco pero nos hizo sobre todo gracia, porque jamás concebimos ni realizamos la expedición con intenciones subyacentes. Era un juego para una Osita y un Lobo, y lo fue durante treinta y tres maravillosos días. Frente a preguntas turbadoras, nos dijimos muchas veces que si hubiéramos tenido presentes esas posibilidades la expedición hubiera sido otra cosa, acaso mejor o peor pero nunca ese avance en la felicidad y en el amor del que salimos tan colmados para nada, después, incluso viaje admirables y horas de perfecta armonía, pudo superar ese mes fuera del tiempo, ese mes interior donde supimos por primera y última vez los que era la felicidad absoluta.
Y tal vez por eso mismo comprendimos sin palabras que acaso habíamos cumplido ese viaje obedeciendo sin saberlo a una búsqueda interior que luego tomaría diferentes nombres en los labios de nuestros amigos. Comprendimos que a nuestra manera habíamos hecho un acto Zen, habíamos buscado el Graal habíamos divisado las cúpulas de oro de la Orplid. Y que todo eso se había dado precisamente porque no lo habíamos pensado ni buscado ni propuesto, porque el amor y la alegría nos colmaban demasiado para dejar paso a una ansiedad de búsqueda. Nos habíamos encontrado a nosotros mismos y eso era nuestro Graal sobre la tierra.

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Los autonautas de la cosmopista
Julio Cortázar (Bruselas, 26 de agosto de 1914 - París, 12 de febrero de 1984)

Una tarde de mayo de 1982, Carol Dunlop y Julio Cortázar emprenden un viaje por la autopista del sur, un juego de treinta y tres maravillosos días, cuyo reglamento severo, obligaciones y prohibiciones estrictas, ellos mismos se han impuesto. Como los navegantes de antaño, los viajeros resuelven llevar un detallado libro de bitácora donde registrarán no sólo el rumbo, sino la flora y la fauna fantásticas que van descubriendo a los largo del camino, y también las acechanzas y amenazas más aterradoras: brujas, agentes secretos, ominosos camiones de procedencia ignota empeñados, inútilmente, en hacer fracasar tan azarosa empresa.