domingo, 4 de agosto de 2019

Inefable (Jhumpa Lahiri)

¿Por qué escribo? Para indagar el misterio de la existencia, para tolerarme a mí misma, para acercar todo lo que se encuentra fuera de mí.
Si quiero entender lo que me afecta, lo que me confunde, lo que me angustia, en suma, todo lo que me hace reaccionar, tengo que ponerlo en palabras: la escritura es la única manera de absorber y ordenar la vida, de otra forma sería presa de la consternación, me alteraría en grado sumo.
Lo que me sucede sin que luego lo ponga en palabras, sin que lo transforme y, en cierto sentido, lo purifique con el crisol de la escritura, no significa nada para mí. Sólo las palabras que duran me parecen reales; tienen un poder, un valor superior a nosotros.
Considerando que intento descifrarlo todo a través de la escritura, quizá escribir en italiano sea simplemente mi manera de aprender la lengua de la forma más profunda, más estimulante.
Desde jovencita pertenezco únicamente a mis palabras. No tengo un país ni un cultura precisos: si no escribiera, si no trabajara las palabras, no me sentiría presente en la Tierra.
¿Qué significa una palabra? ¿Y una vida? Me parece que, al final, son lo mismo. Así como una palabra puede tener muchas dimensiones, muchos matices, una gran complejidad, lo mismo ocurre con una persona o una vida: la lengua es el espejo, la metáfora principal. Porque en el fondo el significado de una palabra, como el de una persona, es algo desmesurado, inefable.


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En otras palabras
Jhumpa Lahiri (Londres,  11 de julio de 1967)

“Lahiri escribió “En otras palabras” en italiano, y rechazó, sabiamente, pienso, traducir su propio trabajo debido a que deseaba mantener la disciplina que le ha capacitado para escribir exclusivamente en italiano en los años recientes. A medida que profundiza su inmersión en el italiano, Lahiri teme perder sus anclajes con la literatura inglesa y se pregunta si su obsesión con el italiano será considerada una “calle ciega o, cuando mucho una ‘distracción agradable’”. Pero su mudanza a Italia se presintió por mucho tiempo. El nuevo lenguaje la liberó de lo que ella describe como el choque entre el bengalí de sus padres indios y el inglés que ella aprendió luego que su familia emigrara a Estados Unidos y a su hogar de la niñez en Rhode Island. Mientras ella conocía más el inglés, se alejaba más de sus orígenes étnicos, y aun así ella se enamoró del inglés como lo haría con el italiano, eventualmente se convirtió en una escritora lanzada a la celebridad instantánea cuando su primera colección de historias, “Intérprete de emociones” (1999), ganó el Pulitzer. Con la fama repentina, escribe Lahiri, vino la pérdida del precioso regalo que la escritura siempre le había traído: un sentido de invisibilidad, inaccesibilidad, como Virginia Woolf podría haberlo dicho, una habitación solo para ella. Italia le ofreció a Lahiri mas que soledad; también le dio una nueva vena expresiva.
Joseph Luzzi   [http://atmosferadeatardecermaizal.blogspot.com ]

miércoles, 24 de julio de 2019

Jardín (Ismael Grasa)

A propósito de los poetas, hay que decir que uno de los asuntos de los que tratan es su jardín. Ese jardín no suele ser un lugar concreto, sino que se trata de un símbolo. Ese jardín contiene una rosa que a la vez contiene la belleza del mundo, y la tierra del jardín es la tierra en la que seremos enterrados, y es el jardín el universo entero, cercado por su tapia. Nuestra idea de un poeta es la de alguien que vive de un modo itinerante, a la vez que nunca abandona su jardín, por más que coja maletas y siga rutas de migraciones, congresos y exilios. Es alguien que se mueve y es alguien que no se mueve. Y es esta contradicción la propia de todo hombre, que deja de ser hombre si se detiene, a la vez que tampoco lo es si no lleva consigo algún tipo de quietud. Por más que una persona siga una vida sedentaria y común a los ojos de los demás, nunca se puede decir que no esté llevando a cabo alguna clase de viaje.
Que el hombre tenga necesidades no significa que se agote en esas necesidades. De eso tratan también los poetas, salvo cuando se ponen al servicio de un tirano. El hombre es un animal que necesita un jardín. También un pan, pero no sirve como definición suya decir que es un ser que necesita un pan. A lo que me refiero es que el deseo de justicia del verdadero poeta no pierde de vista ese jardín -ese deseo de contemplar el mundo, de buscar la verdad por la verdad-. Esforzarse por la justicia es necesario, pero a sabiendas de que es un impulso dirigido, en última instancia, a que a nadie le falte lo innecesario.


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La hazaña secreta
Ismael Grasa (Huesca, 1968)

En un mundo ideal no haría falta un libro como éste, se daría por consabido todo (o casi todo…) lo que se lee en él. Y es que Ismael Grasa, en efecto, ha escrito un pequeño tratado para hacer su aportación a otra sociedad posible y mejor en la que todo (o casi todo…) lo que aquí leemos sean obviedades (los ciclistas no han de invadir la zona de los peatones, no debemos producir un ruido que moleste a los demás, hay que asearse…). Ojalá este libro fuese innecesario, queremos decir, aunque, por otra parte, que no lo sea tiene la ventaja de que hemos podido leerlo, y esa lectura ha sido una verdadera delicia, y es en sí uno de esos actos cívicos y virtuosos y edificantes que en sus páginas se defienden de un modo tan firme y siempre (o casi siempre…) convincente.
El tema del libro es la ejemplaridad (concepto que años atrás puso de moda Javier Gomá, otro buen moralista), que Grasa denomina, con esa sencillez amable de la que hablábamos, “la vida nueva”. Se habla en el libro de “gimnasia moral” y, en un hallazgo especialmente feliz, de la necesidad de “aprobar el presente” (en el sentido de superarlo, y si es mejor con buena nota), pero todo está trufado de aforismos emboscados, de máximas agazapadas, de proverbios estupendos (“quizá la mejor campaña por la lectura sea un hombre que lee a solas y guarda luego su libro”; "no hay verdadero heroísmo, ni virtud, donde falta el aprecio por la vida”; “Lo que quizá haga valiosa nuestra esperanza es que no tenemos ninguna razón para tenerla”…)
[Los libreros recomiendan. com]

lunes, 24 de junio de 2019

Lontananza (Siri Hustvedt)

En cierta ocasión, mi padre me preguntó si sabía dónde estaba en lontananza. Yo le dije que creía que en lontananza era otra forma de decir allá. Él sonrió y dijo: "No, en lontananza se encuentra entre aquí y allá". Esta pequeña anécdota me ha acompañado durante años como ejemplo de magia lingüística: se me identificaba un nuevo espacio -una zona media que no estaba ni aquí ni allá-; un lugar que, sencillamente, no había existido para mí hasta que alguien le dio nombre. Durante la breve explicación que mi padre elaboró del significado de en lontananza, y que siempre he pensado en ello desde entonces, en mi mente aparece un paisaje: me encuentro en la cresta de una pequeña colina, contemplando un valle desierto en el que se alza un árbol solitario, y más allá se extiende el horizonte, definido por una serie de lomas o altozanos. Esta imagen, tosca pero práctica, regresa a mí cada vez que pienso en lontananza, una de esas palabras magníficas que, como luego descubrí, los lingüistas denominan "variables": palabras que se diferencian de las demás porque obtienen su animación de quien las pronuncia y así se comportan. En términos lingüísticos, esto significa que nunca puedes encontrarte en lontananza. Tan pronto como llegas al árbol que está en lontananza, el lugar se convierte en aquí y se retrae para siempre hacia ese horizonte imaginario. El hecho de que aquí y allá se deslicen y resbalen dependiendo del lugar que ocupo me resulta emocionante, pues revela tanto la tenue relación que existe entre las palabras y las cosas como la milagrosa flexibilidad del lenguaje.
Lo cierto es que lo que me fascina no es tanto el hecho de estar en un lugar como el hecho de no estar en él: el modo en que los sitios perviven en tu mente cuando los has abandonado, la manera en que son imaginados antes de tu llegada, y su aparente capacidad de surgir de la nada para ilustrar un pensamiento o una historia como la de mi árbol en lontananza. Esos espacios mentales cartografían nuestra vida interior con más precisión que cualquier mapa "real", delimitando esas fronteras de aquí y allá que también conforman lo que vemos en el presente.


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En lontananza
Siri Hustvedt (Northfield, Minnesota, Estados Unidos, 19 de febrero de 1955)

En lontananza, una colección de ensayos “deslumbrantes”, en palabras de Robert Saladrigas. 
Sucede a menudo que en las parejas de escritores, artistas, filósofos, etc. uno de los componentes queda ensombrecido por el otro, generalmente son las otras quienes quedan reducidas al papel de seguidoras, secretarias, segundonas . La escritora de la que se ocupa este comentario podría ser tomada como ejemplo de ello: Siri Hustvedt es la madre de la cantante y actriz Sophie Auster, el padre de ésta es Paul Auster. Pues bien, si el autor de « Trilogía de Nueva York » suena a cualquier aficionado a la literatura , el nombre de Siri Hustvedt pasa como más inadvertido, a pesar de que méritos no le faltan para ser alzada al conjunto de las grandes escritoras, críticas de arte y literatura y ensayistas, pues a todo ello se dedica la señora y con indudable brillo y sagacidad.
Varias son las constantes en las obras de Siri Hustvedt: por una parte, su amor al arte, acercándose a tal con una hipersensibilidad en el que hace jugar un papel clave a la subjetividad cambiante que provoca que los cuadros o las lecturas sean vistos, leídos, o vueltos a ver o leer, con otra óptica más cargada de experiencias, sentimientos y conocimientos; esta sensibilidad singular se deja ver en sus análisis críticos al igual que en los personajes de sus obras narrativas, sin olvidar en su auto-análisis que nos entregó sobre ciertas dolencias que padeció y que valió los elogios de neuro-científicos tan sonados como Oliver Sack. No sería completa la lista de constantes del quehacer de la autora si no señalásemos la importancia que otorga a su condición de mujer.
Iñaki Urdanibia [kaosenlared.net]

domingo, 9 de junio de 2019

Cosmos (Walt Whitman)

Quién contiene a la diversidad y es la Naturaleza
Quién es la amplitud de la tierra y la rudeza y sexualidad de la tierra
y la gran caridad de la tierra, y también el equilibrio
Quién no ha dirigido en vano su mirada por las ventanas de los ojos
o cuyo cerebro no ha dado en vano audiencia a sus mensajeros
Quién contiene a los creyentes y a los incrédulos
Quién es el amante más majestuoso
Quién, hombre o mujer, posee debidamente su trinidad de realismo
de espiritualidad y de lo estético o intelectual
Quién después de haber considerado su cuerpo
encuentra que todos sus órganos y sus partes son buenos
Quién, hombre o mujer, con la teoría de la tierra y de su cuerpo
comprende por sutiles analogías todas las otras teorías
la teoría de una ciudad, de un poema
y de la vasta política de los Estados
Quién cree no sólo en nuestro globo con su sol y su luna
sino en los otros globos con sus soles y sus lunas
Quién, hombre o mujer, al construir su casa
no para un día sino para la eternidad
ve a las razas, épocas, efemérides, generaciones.
El pasado, el futuro, morar allí, como el espacio
indisolublemente juntos.





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Hojas de hierba
Walt Whitman (West Hills, NY, 31 de mayo de 1819 - Camden, NJ, 26 de marzo de 1892)

Whitman, nacido en el espacio cultural no desarrollado todavía de Long Island y que tiene mucho de precursor de un himno amplio, patriótico a la vez que de bandera de unidad de los hombres nacidos en un paisaje común, es o pudiera ser un ejemplo de cuanto una voz lírica en su manifestación, épica en el deseo expreso, pueda representar como algo propio de un origen, de un proyecto humanizado común. 
Borges, el reiterado Borges, con su fría y en ocasiones enigmática claridad lo expresó con solvencia: “Hojas de hierba es la gran epopeya americana y una de las grandes epopeyas de la literatura universal: con una voz tan vigorosa como sutil, canta el nacimiento de los Estados Unidos y su desarrollo como nación” Y aclara, matizando, un poco más adelante: “Sus poemas recogen la bullente diversidad del país, sus heterogéneos pobladores y sus paisajes inabarcables, y su carácter indómito, irreverente, exento de artificios”.
Recordemos que el autor había nacido en un caserío rural apenas 43 años después de que los EE.UU. hubieran proclamado su independencia de la Gran Bretaña. Era, pues, el momento de enarbolar una bandera común, una canción de futuro: constructiva, solidaria.
Ricardo Martínez [Culturamas.es]

sábado, 18 de mayo de 2019

Libélula (Aki Shimazaki)

Guardo silencio. Es la primera vez que me habla de su hija.
-De hecho -me dice-, perdí a mi marido y a mi hija juntos en un accidente de automóvil.
No sé qué decir. Pienso en las palabras de Haruko: "Seguir viviendo es en sí mismo una cosa increíble". Con calma, la señora Wada prosigue:
-Después de aquella tragedia, ya no tenía fuerzas para trabajar. Me encerré en mi casa durante diez años. Pero cuando vi el nombre de su juku (escuela), de repente tuve el deseo de pedirle un empleo.
Le pregunto qué hacía su hija. Sus ojos brillan:
-Estudiaba en una ondaï (universidad). Adoraba cantar. Como su mujer y yo.
Murmuro: "Diecinueve años. Tan joven...". La señora Wada me pregunta:
-¿Conoce las usubaki-tonbo
-Sí. Mi padre me habló de ellas cuando yo era joven.
Le repito lo que él me enseñó. Esas libélulas llegan al Japón probablemente de países cálidos: sudeste de Asia y las islas del sudoeste. Una vez en Kyushu, remontan hacia el norte, hacia Hokkaido. Desgraciadamente, no sobreviven al invierno de Japón. Al repetir esta historia, vuelvo a ver la imagen de Jirô corriendo hacia el norte: Fukuoka, Kobe, Yokohama, Tokio... La señora Wada me pregunta de nuevo:
-Sabe usted también que se las llama "Líbelulas-almas de los muertos", porque aparecen durante el periodo del bon (fiesta de difuntos).
Sí. Me parece muy poético.
Ella sonríe:
-Creí que el alma de mi hija me había guiado hasta aquí.
Los ojos se le llenan de lágrimas. Emocionado, imagino que el alma de mi padre me hizo elegir la palabra tonbo por medio de mi hija, para invitar a Jirô a venir a verme, aquel alumno por el que mi padre se preocupó hasta su muerte.

 

















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Tonbo
Aki Shimazaki (Gifu -Japón-, 1954)

Aki Shimazaki construye en Tonbo una historia de recuerdos y secretos desvelados, diseminando las pistas del pasado de sus personajes en los diálogos y pensamientos de éstos y jugando con la importancia de lo no dicho. Personajes los de esta novela que se caracterizan por ser y sentirse distintos, bien por pertenecer a una minoría (la familia de Nobu y él mismo son cristianos en un país donde esta confesión es seguida por un porcentaje mínimo de japoneses) o estar de alguna manera marginados (la sociedad dando la espalda a la familia de Nobu tras el suicidio de su padre o los prejuicios de clase contra Jirô).
El estilo con el que Shimazaki moldea la historia de Nobu y su padre es sencillo y depurado, con una construcción minimalista de frases breves y directas. La escritora nipona opta deliberadamente por esta manera de narrar alejada del artificio y la recreación, «de una manera sencilla, con frases cortas y concentradas como los haikus en japonés«, quizá también influida por el hecho de utilizar el francés como lengua narrativa en lugar de su lengua materna.
[https://koratai.com]

lunes, 22 de abril de 2019

Anfiteatro (Ángeles Mora)

Qué haces asesinando el tiempo,
viéndolo desangrarse.
Mientras con parsimonia sientas
en este anfiteatro tu corazón vencido.


Qué haces asesinando el tiempo
mientras un huracán remoto
dentro de ti se agita y brama
como el mar en la concha.


Oh fuego, dónde te consumes,
qué haces
en este anfiteatro de la muerte.



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La canción del olvido
Ángeles Mora (Rute, Córdoba, 1952)

Sobre una irrenunciable entonación de época en torno a motivos más o menos compartibles por el común de los lectores, el yo avanza y se construye paulatinamente. En él alienta una concepción intimista, expresada con una dicción tenue que muestra la precariedad de su equilibrio y el recogimiento metafórico, a la búsqueda de una verdad que se esconde en los pliegues de las evidencias más groseras. Cuál sea la naturaleza de ese yo es algo que debe colegir cada lector, en tanto que estos poemas no presentan significados unívocos, sino actualizaciones multifacéticas de un modo vacilante de estar en el mundo. Pero todos o la mayoría de esos lectores percibirán cómo los referidos avatares de la intimidad, canalizados por un lenguaje sutil y poco amigo de los bocinazos pletóricos, terminan apelando a una condición femenina cuyos límites son, en un extremo, la soledad, y, en el otro, el amor y sus laceraciones. 
Ángel L. Prieto de Paula [Cervantes virtual. Semblanza]