lunes, 11 de junio de 2018

Fantasía (Stephen Grosz)

La mayoría, si no todos, hemos tenido en algún momento este tipo de fantasías irracionales. Y, aún así, rara vez lo reconocemos, ni siquiera ante nuestros cónyuges o amigos íntimos. Nos resulta muy difícil, incluso imposible, hablar de ello. No sabemos lo que significan o lo que nos quieren decir. ¿Son una señal de que estamos al borde de una crisis? ¿Una enajenación transitoria? Hay varias teorías psicológicas sobre por qué las fantasías paranoides son parte de una vida mental sana. Una de esas teorías afirma que la paranoia nos permite liberarnos de algunos sentimientos agresivos. La ira se proyecta inconscientemente: "No quiero hacerle daño, el quiere hacerme daño a mí". Otra teoría sostiene que la paranoia nos permite negar nuestros sentimientos sexuales no deseados: "No le quiero, le odio y él me odia". Ambos enfoques deben ser tenidos en cuenta, pero ninguno parece suficiente.
Cualquiera puede volverse paranoico -es decir, desarrollar una fantasía irracional de ser traicionado, burlado, explotado o lastimado-, pero estamos más expuestos a la paranoia si somos personas inseguras, si estamos desconectados o solos. Ante todo las fantasías paranoides son una respuesta al sentimiento de que estamos siendo tratados con indiferencia.
En otras palabras, las fantasías paranoides son perturbadoras, pero también son un mecanismo de defensa. Nos protegen de un desastre emocional mayor; a saber, el sentimiento de que no le importamos a nadie. El pensamiento de "fulanito me ha traicionado" nos protege del más doloroso "Nadie piensa en mí". Y esta es una de las razones por las que muchos soldados acostumbran a sufrir paranoia.
Durante la Primera Guerra Mundial, los soldados británicos apostados en las trincheras estaban convencidos de que los campesinos franceses que continuaban arando sus campos detrás de las líneas inglesas estaban enviando señales secretas a la artillería alemana.
Al parecer, resulta menos doloroso sentirse traicionado que abandonado.



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La mujer que no quería amar
Stephen Grosz (Indiana, Estados Unidos, 19 de noviembre de 1952 )

A través de las sencillas historias de sus pacientes, el psicoanalista Stephen Grosz nos enseña cómo vivir. "La filósofa Simone Weil cuenta cómo dos prisioneros en celdas contiguas aprenden, durante un período muy largo de tiempo, a comunicarse dando golpecitos en la pared. «El muro es la cosa que los separa, pero también es su medio de comunicación -escribe-. Cada separación es un vínculo.»Este libro trata de esa pared. Trata de nuestro deseo de hablar, de comprender y de ser comprendidos. Es también sobre escucharnos mutuamente, no solo las palabras, sino también los espacios que hay entre estas. Aquí no escribo sobre un proceso mágico, sino de algo que forma parte de nuestra vida cotidiana: golpeamos la pared, y escuchamos.

martes, 15 de mayo de 2018

Agudeza (Christel Petitcollin)

Todo lo tienen en demasía: demasiadas ideas, demasiadas preguntas, demasiadas emociones... y encima son superlativos, aunque habría que decir "hiperlativos": hiperactivos, hipersensibles, hiperafectivos... Los supereficientes mentales viven los acontecimientos de su vida con una intensidad fuera de lo común. Lo que les afecta, en positivo o negativo, parece resonar en ellos como campanadas brutales. Incluso los incidentes menores pueden adquirir proporciones inéditas, particularmente si afectan a su sistema de valores. Percepciones, emociones, sensibilidad: todo se multiplica. De hecho, es el sistema sensorial y emocional lo que es hipersensible. Esta agudeza de la percepción es de tipo neurológico y empieza por la percepción de la propia realidad.
Captamos la información a través de los cinco sentidos. Sabemos que hay gente un poco sorda o con mala visión. Sin embargo insistimos en que todo el mundo debe tener la misma percepción de la realidad. Evidentemente, es mentira. Cada cual tiene su particular forma de ver el mundo, que es subjetiva y única. Haz que diez personas visiten la misma habitación y luego hazles detallar lo que han percibido. Tendrás la impresión de que se han visto diez habitaciones diferentes.
Así, cada cual habrá seleccionado una parte de la realidad como la más importante y digna de interés, pasando de puntillas por el resto de aspectos. De igual modo, cada persona atribuirá una relevancia especialmente intensa a las sensaciones recibidas. Quizás unas encuentren el entorno "un poco ruidoso", otras "muy ruidoso" y otras ni se habrán fijado en que hay ruidos. Cada cual selecciona una cantidad de información necesaria y suficiente para valorar el sitio. La sobreficiencia mental hace que se capten más informaciones que el resto de la gente y con una intensidad mucho más fuerte. A eso se le denomina hiperestesia. Si un supereficiente visita la mencionada habitación, recordará detalles que a la mayoría le habrán pasado inadvertidos y habrá reparado en ínfimas y anecdóticas particularidades sobre pequeñas cosas sin importancia que el resto del mundo consideraría accesorias.


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Pienso demasiado
Christel Petitcollin (Francia, 1968​​)

"¿Cabe pensar que ser inteligente puede hacer que una persona sufra y sea infeliz? Cuesta creerlo, sin embargo, en mi consulta, recibo mucha gente que se queja de pensar demasiado. Hombres y mujeres que sostienen que su mente no les da un respiro, ni siquiera de noche. Personas que están hartas de dudas, de preguntas, de tener una aguda conciencia de las cosas, de unos sentidos demasiado desarrollados a los que no se les escapa ningún detalle. Dichas personas querrían desconectar su mente, pero, sin duda, lo que más les hace sufrir es sentirse diferentes, incomprendidos y heridos por el mundo actual. Suelen concluir diciendo: «¡Yo no soy de este planeta!".

viernes, 13 de abril de 2018

Aburrimiento (Byung-Chul Han)

No solamente el multitasking, sino también actividades como los juegos de ordenador suscitan una amplia pero superficial atención, parecida al estado de vigilancia de una animal salvaje. Los recientes desarrollos sociales y el cambio de estructura de la atención provocan que la sociedad humana se acerque cada vez más al salvajismo. Mientras tanto, el acoso laboral, por ejemplo, alcanza dimensiones pandémicas. La preocupación por la buena vida, que implica también una convivencia exitosa, cede progresivamente a una preocupación por la supervivencia.
Los logros culturales de la humanidad, a los que pertenece la filosofía, se deben a una atención profunda y contemplativa. La cultura requiere un entorno en el que sea posible una atención profunda. Esta es reemplazada progresivamente por una forma de atención por completo distinta, la hiperatención. Esta atención dispersa se caracteriza por un acelerado cambio de foco entre diferentes tareas, fuentes de información y procesos. Dada, además, su escasa tolerancia al hastío, tampoco admite aquel aburrimiento profundo que sería de cierta importancia para una proceso creativo. Walter Benjamin llama al aburrimiento profundo "el pájaro de sueño que incuba el huevo de la experiencia". Según él, si el sueño constituye el punto máximo de la relajación corporal, el aburrimiento profundo corresponde al punto álgido de la relajación espiritual. La pura agitación no genera nada nuevo. Reproduce y acelera lo ya existente. Benjamin lamenta que estos nidos de tiempo y el sosiego del pájaro de sueño desaparezcan progresivamente. Ya no se "teje ni se hila". Expone que el aburrimiento es "un paño cálido y gris formado por dentro con la seda más ardiente y coloreada", en el que "nos envolvemos al soñar". En "los arabescos de su forro nos encontramos entonces en casa". A su parecer, sin relajación se pierde "el don de la escucha" y "la comunidad que escucha" desaparece. A esta se le opone diametralmente nuestra comunidad activa. "El don de la escucha" se basa justo en la capacidad de una profunda y contemplativa atención, a la cual el ego hiperactivo ya no tiene acceso.

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La sociedad del cansancio 
Byung-Chul Han (Seúl (Corea del Sur), 1959​​)

Byung-Chul Han, una de las voces filosóficas más innovadoras que ha surgido en Alemania recientemente, afirma en este inesperado best-seller que la sociedad occidental está sufriendo un silencioso cambio de paradigma: el exceso de positividad está conduciendo a una sociedad del cansancio.
Según el autor, toda época tiene sus enfermedades emblemáticas. Así, hay una época bacterial que toca a su fin con la invención del antibiótico. A pesar del manifiesto miedo a la pandemia gripal, actualmente no vivimos en la época viral. La hemos dejado atrás gracias a la técnica inmunológica. El comienzo del siglo XXI, desde un punto de vista patológico, no sería ni bacterial ni viral, sino neuronal. La depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (TLP) o el síndrome de desgaste ocupacional (SDO) definen el panorama patológico de comienzos de este siglo. Estas enfermedades no son infecciones, sino estados patológicos que siguen a su vez una dialéctica, pero no una dialéctica de la negatividad, sino de la positividad, hasta el punto de que cabría atribuirles un exceso de esta última.

domingo, 18 de marzo de 2018

No (Carmen Conde)

Hablando a la nada

No es no ser la locura, sino ser en la ausencia.
No es la muerte morir, que es lo ser sin presencia.

No es amar el amor porque amante se tiene.
No es sufrir el dolor que a la muerte nos lleve.

Nada es nada, y lo es porque, siendo otra vida,
no es la vida que va, ni es la risa la risa.

con que canta su voz el que joven se siente,
con que vive su todo el que todo convierte

en sustancia de ir, de locura o de muerte.

Yo no sé, no lo sé, ¡cómo voy a saberlo!,
si es que vive o no vive el que veo ya muerto...

Lo que quiero decir, si es que digo yo algo,
es que no estoy aquí, ni siquiera os hablo.

Soy un sueño de mí, estoy siendo en un sueño
donde loca de luz, donde a ciegas me empeño

en andar por la tierra, resbalar por el cielo,
sin saber si es cristal o es de agua este suelo.

Nada sé ni sabéis; nada es todo incesante.
La locura, el vivir, el pensar, el soñarse... 


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Antología poética
Carmen Conde (
Cartagena, 15 de agosto de 1907 - Madrid, 8 de enero de 1996)

La poesía de Carmen Conde (1907-1996) se caracteriza por una constante lección de humanidad expresada con poderosa fuerza evocativa y notable riqueza verbal. Grandes temas como el amor, la muerte y el tiempo son columnas firmes sobre las que se asienta su universo poético, junto a los recuerdos nostálgicos y llenos de vida, el constante sentimiento elegíaco del mundo y su perdurabilidad, la distancia, la eternidad, el presentimiento, el destino y la guerra.

martes, 20 de febrero de 2018

Ruido (Erling Kagge)

Desde luego, no fui yo el primero al que se le ocurrió esa idea. El filósofo y teórico del aburrimiento Blaise Pascal la formuló ya en el siglo XVII: "Cuanto de malo les sucede a los hombres procede de una única cosa, a saber, no ser capaces de quedarse quietos en una habitación". Es decir, la desazón de estar solo, con la boca cerrada y limitarse a percibir que el mundo no llegó con el televisor en los años cincuenta ni con internet en los noventa, ni ahora con los móviles inteligentes, sino que existía ya en la época de Pascal.
El que siempre haya nuevas posibilidades de pensar en otra cosa (en forma de series de televisión, dispositivos de lectura, teléfonos y juegos) es, más que la causa, una consecuencia de las necesidades con las que hemos sido creados. Ese desasosiego habita dentro de nosotros desde siempre, es el estado natural.
El presente nos atormenta, escribió Pascal. Reaccionamos buscando constantemente nuevas tareas que atraigan nuestra atención más allá de nosotros mismos.
Desde luego, la probabilidad de que nos importunen ha aumentado drásticamente en lo que llevamos de siglo, y la tendencia continúa en la misma dirección. Vivimos en "la era del ruido". El silencio está bajo presión.
Steve Jobs, fundador de Apple, advirtió no sólo las ventajas de la tecnología que estaba ayudando a crear, sino también los peligros. Jobs actuó en consecuencia e impuso a sus hijos un acceso limitado a los productos de Apple. Yo me fío más del padre de familia Steve Jobs que del visionario del marketing del mismo nombre.
Según un estudio muy citado, los seres humanos tenemos menos capacidad de concentración que los peces de colores. Los hombres perdemos hoy la concentración al cabo de ocho segundos -en el año 2000 eran doce-, mientras que en los peces de colores el promedio es de nueve segundos. Y los peces de colores se encuentran, como sabemos, muy abajo en la cadena trófica.


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El silencio en la era del ruido
Erling Kagge (
Oslo (Noruega), 15 de enero de 1963)

Erling Kagge es el primer explorador de la historia que alcanzó los "tres polos" de la Tierra: el Norte, el Sur y la cima del monte Everest.
Pero asegura que eso, realizado a principios de los 90, ni se compara con su mayor hazaña: haber descubierto en medio de la "nada blanca" de la Antártida, durante una solitaria caminata de 50 días, el poder transformador del silencio.
Kagge no se refiere a la ausencia de ruido acústico, sino a algo más esencial y profundo. Explora, a partir de su experiencia personal y de las ideas de filósofos, escritores y artistas clásicos y modernos, la importancia de aislarse del mundo. Porque silencio no significa necesariamente ausencia de ruido, sino que es un recurso al alcance de cualquiera y en cualquier lugar: en medio del desierto, pero también en la ducha o en la pista de baile, es posible experimentar la quietud perfecta. Y esta permite el autoconvencimiento y la admiración ante el mundo.

martes, 13 de febrero de 2018

Opinión (Epicteto)

Opinar
Lo que turba a los hombres no son las cosas, sino las opiniones que de ellas se hacen. Por ejemplo, la muerte no es algo terrible, pues, si lo fuera, a Sócrates le hubiera parecido terrible; por el contrario lo terrible es la opinión de que la muerte sea terrible. Por lo que, cuando estamos contrariados, turbados o tristes, no acusemos a los otros sino a nosotros mismos, es decir, a nuestras opiniones. Acusar a los otros por nuestro fracasos es de ignorantes; no acusar más que a sí mismo es de hombres que comienzan a instruirse; y no acusar ni a sí mismo ni a los otros, es un hombre ya instruido.

Ultrajar
Recuerda que no es ni quien lanza injurias, ni quien golpea, lo ultrajante, sino que la opinión, de injuriosas, que te has hecho de estos (acciones y agentes de la acción), es lo que las hace ver de gentes de quienes has recibido ultrajes. Cuando alguien entonces, te ofenda e irrite, sábelo que no es ese alguien quien te irrita, sino tu opinión. Esfuérzate entonces, ante todo, de no dejarte llevar por tu fantasía; pues, una vez ganes tiempo y alguna dilación, serás más fácilmente amo de ti mismo.

Sin prisa pero sin pausa
Mantente firme en la práctica de todas estas máximas, y síguelas como a ley que no puede violar sin impiedad. Y no prestes atención a lo que de ti se habrá de decir; pues esta, siendo una de las cosas que no están en tu poder, no es cosa tuya.


 

















Máximas
Epicteto (Hierápolis (Turquía),​ 55 d.C. – Nicópolis (Grecia), 135 d.C.)

Las enseñanzas de Epicteto tenían su base en las obras de los antiguos estoicos; se sabe que se aplicó a las tres ramas de la filosofía en la tradición de la Stoa, lógica, física y ética. Sin embargo, los textos que se conservan tratan casi exclusivamente de la ética. Según ellos, el papel del filósofo y maestro estoico consistiría en vivir y predicar la vida contemplativa, centrada en la noción de eudamonía (felicidad). La eudamonía, según la doctrina estoica, sería un producto de la virtud, definida mediante la vida acorde a la razón. Además del autoconocimiento, la virtud de la razón estoica consiste en la ataraxia (imperturbabilidad), apatía (desapasionamiento) y las eupatías (buenos sentimientos).

jueves, 18 de enero de 2018

Dolencia (Suzanne O'Sullivan)

Por último, debo aclarar los términos "enfermedad", "orgánico" y "dolencia". Una enfermedad es una disfunción biológica del cuerpo. Implica una anormalidad fisiológica o una anormalidad estructural anatómica. Los términos "enfermedad" y "orgánico" aluden a trastornos patológicos del cuerpo, en oposición a los trastornos mentales.
"Dolencia" no es sinónimo de enfermedad. La dolencia (también llamada "padecimiento") es la respuesta humana a la enfermedad. Describe la experiencia subjetiva de la persona en cuanto a las sensaciones, pero no implica que exista una patología subyacente. Una dolencia puede ser tanto orgánica como psicológica. Una persona puede tener una enfermedad y, en cambio, no padecer. Por ejemplo, una niña con epilepsia tiene una enfermedad, pero, si no experimenta convulsiones y la epilepsia es asintomática, no padece. Por otro lado, una persona con trastorno psicosomático tienen una dolencia y, en cambio, no tiene necesariamente una enfermedad.
Cada persona vive las dolencias a su propio modo, y ahí radica precisamente la diferencia entre enfermedad y dolencia. Recuerdo a un amigo que no era médico que se preguntaba por qué no era posible definir todas las características de una única enfermedad. Si lograra hacerse, podría crearse un mapa o una fórmula para todas las afecciones comunes y los médicos podrían incluso quedar obsoletos, pues cada cual podría introducir sus síntomas en un programa informático y en la pantalla aparecería el diagnóstico. No entendía en qué medida cada paciente influye en su enfermedad. La personalidad y la experiencia vital moldean la presentación clínica, la respuesta y el resultado de cualquier roce de una persona con una dolencia. Si se toma a cien personas sanas y se las somete a la misma lesión, se obtendrán cien respuestas distintas. Por eso la medicina es un arte.


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Todo está en tu cabeza
Suzanne O'Sullivan (Dublín, 1966)
 
Casi todos aceptamos sin problema que el corazón palpite con fuerza cuando vemos a la persona que amamos secretamente, o la sudoración que brota en nuestra frente ante el nerviosismo que nos provoca tener que hablar en público. Pero lo que no somos capaces de  imaginar es cuán dramática y exagerada puede llegar a ser la reacción de nuestro cuerpo ante según qué emociones. Un tercio de la gente que acude a su doctor de cabecera presenta síntomas sin ninguna explicación médica, si bien la gran mayoría de ellos se sospecha que tiene causas emocionales. No obstante, «todo está en tu cabeza» es lo último que queremos escuchar cuando acudimos al consultorio.  «Nadie me entiende» suele ser entonces la queja más habitual.  En este curioso y extraordinario libro, la neuróloga Suzanne O'Sullivan nos conduce a través del fascinante mundo de las enfermedades psicosomáticas. Sumergiéndonos en estos casos, tendremos una visión más completa de la condición humana, de los secretos que somos capaces de guardarnos a nosotros mismos, y una excelente ayuda para «entender» estas patologías que producen un gran sufrimiento.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Isla (W. H. Auden)

Mira, extranjero, esta isla que ahora
la luz saltarina te desvela para tu deleite,
asiéntate aquí
y vive en paz,
que por los canales de tu oído 
pueda escurrirse como un río
el ruido oscilante del mar.

Detente aquí, al final del prado diminuto
donde la pared calcárea se hunde en la espuma y
sus acantilados
resisten el fragor
y el embate de la marea,
y el guijarro resurge tras el lametón
del oleaje,
y la gaviota se hospeda
un momento en su flanco vertical.

Allá a lo lejos como semillas flotantes los barcos
separan sus rumbos urgentes y voluntarios,
y esta visión completa
quizá pueda penetrar
y viajar en el recuerdo igual que las nubes,
que ahora dejan atrás el espacio del puerto,
y durante todo el verano pasean por el mar. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Poemas escogidos
W. H. Auden (York, 21 de febrero, 1907 – Viena, 29 de septiembre, 1973)
 
Wystan Hugh Auden nació en York en 1907, y estudió en Oxford. Al estallar la guerra civil española vino voluntario al ejército republicano. Al regresar a Inglaterra publicó un libro -Spain 1937- para obtener fondos de ayuda para la República. En 1939 marchó a América, donde se nacionalizaría americano, para volver a Inglaterra en 1972. Al año siguiente moriría en Austria a la edad de sesenta y seis años. 
"El arte surge -como escribió Auden-, por una parte, de nuestros deseos de belleza y verdad, y, por otra, de nuestro conocimiento de que ambas cosas no son iguales"

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Muerte (Simone de Beauvoir)

Sucede, muy raramente, que el amor, la amistad o la camaradería pueden vencer la soledad de la muerte; a pesar de las apariencias, aún cuando yo cogía la mano a mamá, no estaba con ella: le mentía. Porque siempre fue mistificada, esa suprema mistificación me resultaba odiosa. Me hacía cómplice del destino que me violentaba. Sin embargo, en cada célula de mi cuerpo, yo me unía a su rechazo y a su rebelión: también por eso su derrota me derrumbó. Aunque estuve ausente en el momento en que expiró  -aunque en tres ocasiones asistí a los últimos momentos de un moribundo- al pie de su cabecera fue donde vi a la Muerte de las danzas macabras, la Muerte de los cuentos de sobremesa, que llama a la puerta con una guadaña en la mano, la Muerte que viene de lejos, extranjera e inhumana: tenía el mismo rostro de mamá cuando descubría su mandíbula en su amplía sonrisa de ignorancia.
"Ya tiene edad de morir" Tristeza y exilio de los ancianos: la mayoría ni piensa que han llegado a esa edad. Y yo también, aun refiriéndome a mi madre, he utilizado esa fórmula. No comprendía que se pudiera llorar con sinceridad a un pariente, a un abuelo de setenta años. Si encontraba una mujer de cincuenta años postrada porque acababa de perder a su madre, la consideraba una neurótica: todos somos mortales; a los ochenta años se es suficientemente viejo para convertirse en muerto...
Pero no. No se muere de haber nacido, ni de haber vivido, ni de vejez. Se muere de "algo". Saber que mi madre, por su edad, estaba condenada a un fin próximo no atenúo la sorpresa: tenía un sarcoma. Un cáncer, una embolia, una congestión pulmonar: es algo brutal e imprevisto como un motor que se detiene en el aire. Mi madre alentaba al optimismo cuando, impedida y moribunda, afirmaba el valor infinito de cada instante. Asimismo, su vano encarnizamiento desgarraba el velo tranquilizador de la superficialidad cotidiana. No existe muerte natural: nada de lo que sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia cuestiona al mundo. Todos los hombres son mortales: pero para todos los hombres la muerte es un accidente y, aunque la conozca y la acepte, es un violencia indebida.














Una muerte muy dulce
Simone de Beauvoir (París, 9 de enero de 1908 - ibidem, 14 de abril de 1986)
 
La muerte es una presencia constante en los escritos autobiográficos, los ensayos y las novelas de Simone de Beauvoir, una temática que invade sigilosamente el texto, a veces tras la figura de otros tópicos cercanos como la vejez o la nada. Tal como afirma en La fuerza de las cosas, la muerte es la “aventura brutal” que desde siempre la persigue en el sueño. Es el mayor límite en la existencia de la persona porque pone en juego la dualidad del Ser y la Nada. La muerte es el único accidente por el cual el para-sí se transforma en el en-sí, por lo tanto es el único que no podemos “asumir” libremente. En Una muerte muy dulce (1964), se describen las seis semanas de enfermedad y agonía previas a la muerte de la madre de Simone, Françoise de Beauvoir. Ese breve lapso temporal le ofrece a la autora la posibilidad de indagar sobre las coincidencias, paradojas y contradicciones del vínculo que mantiene con su madre.