Ni putas ni sumisas
Fadela Amara (Clermont-Ferrand, 25 de abril de 1964)
Ediciones Cátedra, 2004
Enrique Arias Beaskoetxea ___________________________________________________________________________________________________________________________ _________________ Me he buscado en la luz, en el mar, en el viento _________________ Sophia de Mello Breyner Andresen _________________
Ni putas ni sumisas
Fadela Amara (Clermont-Ferrand, 25 de abril de 1964)
Ediciones Cátedra, 2004
Cartas de la monja portuguesa
Mariana Mendes da Costa Alcoforado (Beja, 22 de abril de 1640 - Beja, 28 de julio de 1723)
Ediciones Hiperión, 2000
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Sexo y mentiras. La vida sexual en Marruecos
Leila Slimani (Rabat, Marruecos, 3 de octubre de 1981)
"Sexo y mentiras" es la voz, fuerte y sincera, de una juventud marroquí que vive amordazada, en una sociedad donde el sexo se consume como mercancía. Desde la infancia, a chicas y chicos se les educa inculcándoles una cohibición y una vergüenza que les marcará de por vida. La mentira es la norma con tal de que el honor, la virginidad y las apariencias sean salvadas. En Marruecos, esta inmensa miseria sexual es utilizada como herramienta de sumisión; la ley castiga y proscribe toda relación sexual fuera del matrimonio. Las mujeres con las que Leila Slimani se entrevista le confiaron sin tapujos su vida sexual. La inmensa mayoría intentan liberarse, en un combate íntimo, desgarrador. Frente a la hipocresía social, las jóvenes solo tienen una alternativa: virgen o esposa.
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Poesía completa
Guillermo de Aquitania (22 de octubre de 1071 - Poitiers, 10 de febrero de 1126)
Con Guillermo, IX duque de Aquitania (1071-1127), se inicia la poesía trovadoresca, uno de los legados literarios más importantes del Medievo europeo. De Guillermo se nos han conservado once canciones. Las seis primeras están escritas en un lenguaje plástico y brutal y van dirigidas a sus compañeros de correrías bélicas y amorosas; la cuarta, Farai un vers de dreit nien, es, con mucho, la más conocida. Las canciones VI-X se sitúan en un contexto de amor cortés en que la dama hace del caballero su vasallo, trasladando a un contexto erótico las estructuras feudales de la época. La última canción expresa melancólicas consideraciones ante la proximidad de la muerte.
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El descenso
Anna Kavan (Cannes, Francia, 10 de abril de 1901 - Londres, Reino Unido, 5 de diciembre de 1968)
Anna Kavan nació en 1901, en Cannes, Francia, con el nombre de Helen Emily Woods. Hija única de un matrimonio adinerado, creció viajando entre Europa y Estados Unidos hasta el suicidio de su padre, que la marcó profundamente; fue el primer hecho fatídico de una vida plagada de sufrimiento y asediada por la depresión y las adicciones. Su madre se negó a que estudiara en Oxford, tal y como ella le pedía, y la forzó a casarse con Donald Ferguson, quien había sido su propio amante. Este infeliz matrimonio quedó retratado en su novela Let me alone (1930). Kavan se casó y se divorció dos veces, perdió a su hijo en la Segunda Guerra Mundial, trató de suicidarse en tres ocasiones y pasó largas temporadas encerrada en hospitales psiquiátricos de Suiza e Inglaterra, de los que sacó el doloroso material con el que escribió los relatos que componen El descenso (Navona, 2019). Este fue el primer libro que firmó como Anna Kavan (seudónimo que acabaría asumiendo legalmente); en él aparece por primera vez la atmósfera opresiva y la paranoica figura del perseguidor que llevará a su culminación en Hielo (1967), considerada su obra maestra y con la que obtuvo popularidad a sus sesenta y seis años. El año siguiente a la publicación de hielo, Anna Kavan murió sola en su casa de un ataque de corazón. Según la policía, en aquella casa había «suficiente heroína para matar a toda la calle».
[TrotaLibros]
Qué fácil escribir
entrada ya la noche,
cuando estás agotado
y a la mano le cuesta
trazar sobre el papel
una letra tras otra.
Cómo vibra la noche,
expectante,
como si fuera a abrirse
y se hiciera la luz
dentro de ti.
Tú deseas entonces
que el alba tarde aún
o que no llegue nunca.
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Al borde
José Corredor-Matheos (Alcázar de San Juan, Ciudad Real, 14 de julio de 1929)
Tusquets Editores, 2022
Fiel a una tradición de poesía desnuda y esencial, Corredor-Matheos nos entrega su libro culminante. Desde la sabiduría de la edad, sus versos plantean con una lucidez luminosa las paradojas de la vida y su comprensión. Los árboles y los pájaros, el asombro de estar vivo, la contemplación y la soledad, la plenitud y la aceptación de la nada… Cada poema, enuncia con poco una honda reflexión, como el que da título al libro: “Estás al borde, al borde, / y no sabes de qué. / Te parece, de pronto, /verlo todo, / saber que tú eres nada. / Acaso siendo todo.”
Conclusión
Desde el bombardeo de 1882 la ciudad ha conocido otros sinsabores, pero no voy a describirlos aquí. Tampoco intentaré hacer ninguna peroración, por la sencilla razón de que Alejandría sigue viva y va cambiando incluso mientras uno trata de resumirla. Desde el punto de vista político, su relación actual con el resto de Egipto es más íntima que nunca, pero los elementos extranjeros de antaño permanecen en ella y es al más antiguo de ellos, el griego, a quien debe la cultura moderna que se encuentra en la ciudad. Su futuro es incierto, al igual que el de otras grandes ciudades comerciales. Exceptuando el caso de los Jardines Públicos y el del Museo, el municipio apenas ha estado a la altura de sus responsabilidades históricas. La Biblioteca sufre de escasez de fondos, de la Galería de Arte es mejor no hablar, y los vínculos con el pasado se han roto de manera brutal: por ejemplo, se ha alterado el nombre de la Rue Rosette y el exquisito Bazar Cubierto, cerca de la Rue de France, ha sido destruido. La prosperidad material basada en el algodón, las cebollas y los huevos parece asegurada, pero pocos progresos se observan en otras direcciones y ni el Faro de Sostrato ni los Idilios de Teócrito ni las Enéadas de Plotino cuentan con un probable rival en el futuro. Solo el clima, solo el viento del norte y el mar permanecen tan puros como el día en que Menelao, el primer visitante, desembarcó en Ras-el-Tin, hace de ello tres mil años; y por la noche la constelación llamada «La Cabellera de Berenice» sigue brillado tan intensamente como en el momento en que llamó la atención del astrónomo Conón.
El dios abandona a Antonio
Cuando de pronto a medianoche
se oye pasar un invisible coro
con música exquisita, con voces...
No lamentes que tu fortuna por fin te deje,
que la obra de tu vida haya fracasado, que tus planes hayan resultado ser ilusiones.
Mas como hombre preparado, como hombre valiente,
despídete de ella, de Alejandría, que se marcha.
Sobre todo, no te engañes, no digas que es un sueño,
que tus oídos se equivocaron.
No cedas a estas esperanzas vacías.
Como hombre desde hace tiempo preparado, como hombre valiente,
como hombre que era digno de semejante ciudad,
acércate con paso firme a la ventana,
y escucha con emoción,
mas no las plegarias y quejas del cobarde
(¡Ah, éxtasis supremo!)
escucha las notas, los instrumentos exquisitos del coro místico,
y despídete de ella, de Alejandría, a la que estás perdiendo.
C. P. Kavafis
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Alejandría. Historia y Guía.
E. M. Forster (Londres, 1 de enero de 1879 - Coventry, 7 de junio de 1970)
Seix Barral, 1984
Yo llegué en 1941, veintitrés años después de escribir Forster este libro y ocho años antes de morir Constantin Kavafis, el gran amigo poeta de Forster. Como por arte de magia, no alcancé a detectar ningún cambio. Durante dos años pude pasearme por las páginas de esta guía, utilizándola tan piadosamente como merece que se le utilice y tomando prestados muchos de sus destellos de sabiduría para hinchar con ellos las notas para el libro que yo mismo esperaba escribir algún día. Por lo que pude ver, el único cambio verdadero era la silla vacía en el café favorito del poeta; pero el círculo de amigos permanecía intacto, hombres como Malanos y Petrides, que más adelante escribirían libros sobre su singular amigo. También ellos habían vislumbrado la ciudad fantasma que yacía debajo de la cotidiana. Mas para la mayoría de la gente Alejandría era una ciudad de mala muerte sin otros atractivos que buenas playas para bañarse y numerosos restaurantes franceses. «¡No hay nada que merezca verse!», repetían incesantemente, y también era cierto. La Columna de Pompeyo era una calamidad estética, el antiguo emplazamiento del Faro estaba vedado a los civiles y la tumba de Alejandro había desaparecido bajo un millar de conjeturas. Sin embargo, para muchos de nuestros marineros seguía siendo Eunostos, el «puerto del buen seguro», como lo había sido en tiempos de Homero.
[Prólogo de Lawrence Durrell]