viernes, 29 de noviembre de 2013

Fracaso (Cyril Connolly)

Y al igual que tantos otros que desertan de la lucha, que abandonan porque no desean triunfar, pues en el éxito por sí mismo perciben algo vulgar e incluso desafortunado, siente de inmediato el remordimiento y la tristeza que le causa su abdicación y daría cualquier cosa por haber permanecido en su puesto. Se sobreestima el logro y el éxito sigue siendo indeseable pero aún lo es más la amargura del fracaso. Palinuro, de hecho, aunque desprecia la vacuidad del éxito, el aplauso de la multitud y la recompensa de la fama, en su prolongado exilio termina por aborrecerse por el mero hecho de haber despreciado todo, y se aferra de modo un tanto pueril a la ocasión de verse perpetuado en un modesto accidente geográfico.
Una última clave: el nombre de Palinuro en griego (y de sobre es sabida la importancia que al nombre confieren los neuróticos) significa "el que hace agua de nuevo", y así se utiliza en un epigrama de Marcial (III, 78):
Minxisti currente semel, Pauline, carina.
Meiere vis iterum? Jam Palinurus eris.
"Hiciste agua una vez, Palinuro, mientras tu barco avanzaba deprisa, ¿Es que vas a bombear otra vez? Entonces serás un Palinuro" (es decir, caerás por la borda).
Estas palabras -minger, meiere- están asimismo dotadas de una significación sexual, lo cual abre las puertas de un análisis en profundidad y en términos freudianos, si el tiempo lo permite... y se cuenta con los fondos necesarios.


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El sepulcro sin sosiego
Cyril Connolly (Coventry, Warwickshire, 10 de septiembre de  1903 - Londres, 26 de noviembre de 1974)

Connoly, para crear este complejo teji­do escrito en forma epigramática, a la manera de Nietzsche o Cioran, y que no es fácilmente clasificable, pues "El se­pulcro sin sosiego" es ensayo, pero también puede ser bitácora, dietario o novela, parte del nulo de Palinuro descrito magistralmente por Virgilio en la Eneida.
Según Lemprière, Palinuro fue un hábil piloto de la nave en que viajaba Eneas, cayó al mar mientras dormía, pasó tres días expuesto a las tempesta­des y a las olas del mar y a la postre llegó sano y salvo a la costa cercana a Velia, donde los crueles habitantes del lugar le dieron muerte para despojarle de sus vestiduras; su cadáver quedó insepulto en la ribera.