sábado, 28 de marzo de 2015

Humanidad (Emilio Lledó)

Tendríamos que agradecer a todos esos escritores que nos acompañan, en el siempre breve espacio de nuestra vida, el que nos hayan entregado sus palabras que constituyen un humana manifestación de la eternidad. Una eternidad que no promete otra existencia más allá de las fronteras de cada vida y que, en el gozo de leer, en las horas de lectura, nos deja esquivar las paredes del tiempo y acariciar en el silencioso murmullo de las letras, las espaldas de no sé bien qué especie de inacabada amistad.
El lenguaje fue, como es sabido, lo que empezó a distinguir al animal humano de los otros animales próximos a él. Un lenguaje que, además de comunicación y compresión, creó también sensibilidad, emociones, pasiones, desde el complejo entramado de la realidad corporal. Pero las palabras, fuente de abstracción y solidaridad, se fueron ciñendo al territorio de las primeras e inmediatas experiencias, a lo que los ojos veían y las manos tocaban, condicionadas a la dureza del vivir, a la necesidad de vivir: "mañana lloverá", "tengo sed", "la cosecha es buena", "quiero comprar tu escudo".
En un momento, sin embargo, de esa cultura de la realidad, alguien pronunció antes sus oyentes, con el ritmo pausado del hexámetro "Canta, Musa, la cólera de Aquiles", y no existía Musa alguna que cantase, ni siquiera Aquiles alguno que se pudiera encolerizar. Y no era la Musa la que cantaba sino el hombre que decía esos versos, que nos harían emocionar con ellos y pensar, de paso, que las palabras solas eran el origen de esa emoción. Al no poder conformar ninguna experiencia pragmática, ese lenguaje nos enseñaba que oír, leer, interpretar se desplazaban ya a un dominio donde la naturaleza del "animal que habla" construía y afianzaba su posibilidad, su liberación y, en definitiva, su humanidad.



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Elogio de la infelicidad 
Emilio Lledó Íñigo (Sevilla, 5 de noviembre de 1927)

Elogio de la infelicidad, recopilación nueva y autónoma, esta atravesado por un motivo común, el que se desprende de su titulo. Eso si, aunque el autor haya refundido sus artículos hasta lograr una perspectiva inédita, estos ejercicios sobre lecturas están emparentados con buena parte de sus textos anteriores, ya que recorren temas característicos suyos, como el cuerpo o la memoria, la amistad y la indigencia, el lenguaje partido de los signos y la capacidad humana de examinarse a si mismo; o, en suma, la sociedad ideal del buen lenguaje y, su reverso, la mas reciente erosión de la convivencia y el desorden originados por la mentira y los predicadores del egoísmo.