lunes, 20 de enero de 2014

Superfluo (Joseph Roth)

Era el 27 de agosto de 1.926, a las cuatro de la tarde, las tiendas estaban llenas, las mujeres se precipitaban en los almacenes, en los salones de moda giraban los maniquíes, en las confiterías charlaban los desocupados, en las fábricas zumbaban las ruedas, en las orillas del Sena se espulgaban los mendigos, en el Bois de Boulogne se besaban las parejas, en los parques iban los niños en los tiovivos. En ese momento, allí, estaba mi amigo Franz Tunda, 32 años, sano y despierto, un hombre joven y fuerte con todo tipo de talentos, en la plaza delante de la Madeleine, en el medio de la capital del mundo, y no sabía qué hacer. No tenía profesión, ni amor, ni alegría, ni esperanzas, ni ambición, ni siquiera egoísmo. Nadie en el mundo era tan superfluo como él.


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Fuga sin fin
Joseph Roth (Brody (Austria), 2 de septiembre de 1894 - París, 27 de mayo 27 de 1939)
 
Fuga sin fin (1924) es la historia de Franz Tunda, un oficial austriaco que, después de haber sido hecho prisionero, vive bajo falsa identidad todo el proceso de la revolución rusa. Sin embargo, algo le impulsa a buscar en su antigua patria su personalidad perdida. Sera ahí donde tendrá que aceptar que se ha convertido, en su propia sociedad, en lo que en términos burocráticos se llama un desaparecido: el trato que recibe, simpático y respetuoso, se asemeja al que se da a los bibelots extraídos de su antiguo contexto, entre otras cosas porque en Europa rige un nuevo orden político y moral y, como el protagonista, su antigua patria es a su vez una desaparecida. También lo es la que fue su prometida, cuya búsqueda ha ocupado parte de los afanes del ex teniente, quien, en una ultima tentativa por encontrarla, viaja de Berlín a París. Una reveladora y postrera fuga que le llevara, inexcusablemente, al encuentro consigo mismo y, sobre todo, al reconocimiento del nuevo espíritu europeo.