viernes, 24 de enero de 2014

Umbral (Samuel Beckett)

... yo estoy siempre ahí, me abandoné ahí, espero, siempre, no, no se espera ahí, no se escucha, no sé, se trata de un sueño, quizá un sueño, lo que me sorprendería, voy a despertarme, en el silencio, no dormirme más, seré yo, o seguir soñando, soñar un silencio, un silencio de sueño, lleno de murmullos, no sé, son palabras, no despertarme nunca, son palabras, es lo único, que hay, es menester seguir, es cuanto sé, ellos van a detenerse, conozco eso, los noto que me abandonan, será el silencio, un breve instante, un buen momento, o será el mío, el que dura, que no duró, que dura siempre, seré yo, es menester seguir, no puedo seguir, es menester seguir, voy, pues, a seguir, hay que decir palabras, mientras las haya, hay que decirlas, hasta que me encuentre, hasta que me digan, extraño castigo, extraña falta, hay que seguir, acaso esto se haya hecho ya, quizá me dijeron ya, quizá me llevaron hasta el umbral de mi historia, ante la puerta que da a mi historia, esto me sorprendería, si da, seré yo, será el silencio, allí donde estoy, no sé, no lo sabré nunca, en el silencio no se sabe, hay que seguir, voy a seguir.


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El innombrable
Samuel Beckett (Dublín, 13 de abril de 1906 - París, 22 de diciembre de 1989)

Con "El innombrable" se cierra la gran trilogía iniciada con "Molloy" y continuada con "Malone muere", punto culminante del largo proceso de desintegración y perdida del yo a través del cual los personajes de Samuel Beckett (1906-1989) quedan reducidos al discurso inconexo de una conciencia separada del mundo exterior y disociada incluso de su propia base corporal. Alegoría grotesca y patética de la impotencia humana, el ente anónimo, paralitico e informe que monologa de manera obsesiva a lo largo de las paginas de la novela arrastra una existencia puramente vegetativa, condenado por siempre a escuchar el resonar incesante de su propia voz.