viernes, 24 de enero de 2014

Vanidad (Oscar Wilde)

Tras una espera larga  e infructuosa he decido ser yo quien te escriba, tanto por ti como por mi mismo, ya que me disgustaría pensar que he tenido que soportar dos penosos años de prisión sin haber recibido ni una solo línea tuya, ni noticias, ni siquiera un mensaje, como no sean los que tanto me apenaron.
Nuestra amistad, tan infortunada y lamentable, ha acabado para mi en la ruina y la infamia pública; pero a pesar de todo no me abandona el frecuente recuerdo de nuestro viejo afecto, y además el pensamiento de que el odio, la amargura y el desprecio tengan que ocupar para siempre el lugar que una vez ocupó el amor me resulta demasiado triste. Tú también sentirás, supongo, en tu corazón, que escribirme ahora que debo permanecer en la soledad de la vida de prisión es mejor que publicar mis cartas sin obtener antes permiso o dedicarme poemas no solicitados, aunque el mundo desconozca cuáles son las palabras de dolor o de pasión, de remordimiento o indiferencia que elijas para responderme o para llamar mi atención.
No me cabe la menor duda de que la carta que he de escribir sobre tu vida y la mía, sobre el pasado y el futuro, cosas dulces que se han de convertir en amargura y cosas amargas que quizá puedan llegar a trocarse en alegría, contendrá frases que herirán tu vanidad hasta lo más profundo. Si resulta ser así, lee la carta una vez y otra hasta que destruya tu vanidad por completo.


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De profundis
Oscar Wilde (Dublín, 16 de octubre de 1854 - París, 30 de noviembre de 1900) 

En 1895 Oscar Wilde (1854-1900) está en la cumbre de su fama y de su popularidad. Todo lo que hace parece tocado por la varita del triunfo. Sin embargo, el proceso que ese mismo año entabla por difamación contra el marqués de Queensberry a instancias del hijo de éste, Lord Alfred Douglas, Bosie –su joven amante– , se volverá en pocas semanas en su contra, de forma que acabará condenado a prisión por homosexualidad, arruinado y repudiado por la misma sociedad que meses antes lo aclamaba. Poco antes de salir de la cárcel, en 1897, escribió “De profundis” –larga carta dirigida a Bosie en la que rememora su relación y, aunque desengañado, se reafirma en sus sentimientos y en sus actos.