sábado, 23 de noviembre de 2013

Dolor (Marlen Haushofer)

Su mujer se había vuelto loca, pero él estaba sentado allí, remendando su red, como todas las tardes. Y no tenía más remedio que hacerlo, pues de lo contrario se moriría de hambre y entonces ya no podría sentir la brisa salobre en los labios, ni deleitar la vista con las muchachas hermosas, ni beber el vino tinto que lo embriagaba ligeramente y, por unas horas, lo eximía de la pobreza. Si no lo hacía, no oiría ya nunca más el batir de las pequeñas olas en la pared del muelle. Era muy sencillo y comprensible: Antonio de ningún modo quería renunciar a lo único que poseía.
En Anette brotaron la admiración y el amor, hacia Antonio, hacia los tornasolados pececillos, hacia la gruesa padrona y el tío Eugen, que ahora la esperaba en el balcón. Amor y ternura hacia todos ellos. Alzó el dedo en el aire y sintió el viento que soplaba del mar, y que en alguna parte, en las calles de la gran ciudad, también rozaría las mejillas de Gregor, y que con un hálito fresco y fugaz pasaría también sobre "su" tumba lejana. Y también quiso amar el dolor y guardarlo en su corazón. Todos lo rehuían y todos lo odiaban; en ella habría de encontrar su cuna y su hogar.
Metió el paquete de cigarrillos en la chaqueta de Antonio y se puso de pie. Era hora de volver a casa.


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La puerta secreta
Marlen Haushofer (Frauenstein, 11 de abril  de 1920 - Viena, 21 de marzo de 1970)

Annette es una mujer joven de unos treinta años que no espera nada de la vida. Y no es porque no le interese, sino simplemente porque ha sido educada de una forma tan estricta que no se considera capaz de desear nada para sí misma. Criada por una tía monjil, se hace bibliotecaria porque éste es el primer empleo que se le ofrece. A lo largo de los años sale con varios novios insípidos porque ellos se lo piden y, finalmente, acepta casarse con un hombre del que se enamora por su brutal vitalidad y porque se queda embarazada. Este matrimonio forzado en todos los sentidos es vivido por la heroína femenina con total lucidez: sabe que no le une nada al marido más allá de la cama, sabe y encuentra lógico que éste la engañe con otras mujeres durante el embarazo y sabe que, al dejar su trabajo, ha renunciado al único asidero que le garantizaba algo de independencia.