lunes, 9 de diciembre de 2013

Interpretar (Lawrence Durrell)

Las cigarras chirrían en los grandes plátanos, y el Mediterráneo se extiende ante mí en todo el esplendor estival de su azul magnético. En alguna parte, más allá del tembloroso horizonte malva está África, Alejandría todavía presente, todavía dueña de mis afectos por obra de los recuerdos que poco a poco se van fundiendo en el olvido; recuerdos de amigos, de cosas acaecidas hace mucho tiempo. La lenta irrealidad del tiempo empieza a arrebatarlos, borrando sus contornos, y a veces llego a preguntarme si estas páginas relatan las acciones de hombres y mujeres de carne y hueso, o si son tan sólo la historia de unos pocos objetos inanimados que precipitaron el drama a su alrededor: un parche negro, una llave de reloj y un par de alianzas sin dueño...
Pronto será de noche y el cielo transparente se cubrirá de un denso polvo de estrellas estivales. Estaré aquí, como siempre, fumando junto al agua. He decidido no contestar la última carta de Clea. No quiero seguir forzando a nadie, no quiero hacer promesas, pensar la vida en términos de pactos, resoluciones, compromisos. Clea interpretará mi silencio según sus propias necesidades y deseos, y vendrá o no vendrá; ella es quien debe decidirlo. ¿Acaso no depende todo de nuestra manera de interpretar el silencio que nos rodea?


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Justine
Lawrence Durrell (Jalandhar (India), 27 de febrero de 1912 - Sommières (Francia), 7 de noviembre de 1990)

Brillante apertura del Cuarteto de Alejandría, la celebérrima tetralogía de Durrell. Aquí asistimos a la precisa belleza con que Darley, el narrador, refiere la historia de su pasión hacia la enigmática Justine, centro de unos amores cruzados. El desenlace, con una misteriosa muerte, es en realidad un final abierto que sólo cobra todo su sentido tras la lectura del resto del Cuarteto (Balthazar, Mountolive y Clea).