sábado, 7 de enero de 2017

Herida (Boris Cyrulnik)

"¿Y ahora que voy a hacer yo?" No porque el patito feo haya encontrado una familia cisne se acabó todo. La herida está escrita en su historia, está grabada en su memoria, como si el patito feo pensara: "Hay que golpear dos veces para producir una herida". El primer golpe, el que se recibe en realidad, provoca el dolor de la herida o el desgarro de la carencia. Y el segundo, el que se encaja en la representación de la realidad, provoca el sufrimiento de haber sido humillado, abandonado. "¿Qué voy a hacer ahora? ¿Lamentarme a diario y tratar de vengarme o aprender a vivir otra vida, la de los cisnes?"
Para curar el primer golpe, es preciso que mi cuerpo y mi memoria consigan realizar una lenta labor de cicatrización. Y para atenuar el sufrimiento del segundo golpe, he de cambiar la idea que tengo de lo que me ha sucedido, he de conseguir modificar la representación de mi desgracia y su puesta en escena, ante vuestros ojos. El relato de mi desamparo os conmoverá, el retrato de mi agitación os herirá y la excitación de mi compromiso social os obligará a descubrir otra manera de ser humano.
A la cicatrización de la herida real, se añadirá la metamorfosis de la representación de la herida. Pero lo que el patito feo tardará mucho en comprender es que la cicatriz nunca es segura. Es una brecha en el desarrollo de su personalidad, un punto débil que en cualquier momento puede abrirse por un golpe de azar. Esa grieta obliga al patito a trabajar incesantemente en su interminable metamorfosis. Sólo entonces podrá llevar una vida de cisne, hermosa y frágil a la vez, porque nunca podrá olvidar su pasado de patito feo. Sin embargo, una vez convertido en cisne, podrá pensar en ese pasado de una manera soportable.
Eso significa que la resiliencia, el hecho de superar una situación y pese a todo llegar a ser hermoso, nada tiene que ver con la invulnerabilidad ni con el éxito social.


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Los patitos feos. La resiliencia
Boris Cyrulnik (Burdeos, 26 de julio de 1937)

Tras superar una infancia difícil marcada por la muerte de sus padres en un campo de concentración nazi y su posterior paso por distintos orfanatos y centros de acogida, Boris Cyrulnik adoptó el concepto de "resisliencia" y lo aplicó al campo de la psicología infantil para demostrar y explicar que todo niño puede volver a empezar después de haber sufrido una experiencia traumática. María Callas o Georges Brassens son dos de los casos más célebres, pero hay mucho más ejemplos en las páginas de este libro que ponen de manifiesto que ninguna herida es un destino, que un niño traumatizado no está condenado a convertirse en un adulto fracasado y que alguien que ha sido maltratado en la infancia no tiene porque convertirse en un futuro maltratador. Un libro que ha cautivado a millones de lectores y un referente imprescindible en el campo de la psicología moderna.