lunes, 10 de noviembre de 2014

Profundidad (Henri Michaux)

Cierta psicología de las profundidades quiere que todos los sueños sean profundos, con una profundidad especial que los médicos dicen haber encontrado y que en cada uno, sano o enfermo, habría que buscar y hallar. Nos instan autoritariamente a que la encontremos desde esa fijación que padecen, al igual que en otros tiempos los teólogos, hasta el punto de no poder alterar esa visión, por lo que se han convertido en los cerebros más condicionados de nuestra época, en la que, precisamente, no suelen faltar.
La naturaleza del sueño no es, sin embargo, profunda. No es ésa la característica que lo distingue. Puede ser superficial e incluso puede haber sido provocado artificialmente, sin que por ello deje de ser un sueño.
Por otra parte, antes que profundo, el sueño es múltiple. El más pequeño puede tener cincuenta fuentes, y de sus asociaciones sin fin no se podrían recoger más que cierto número.
El sueño esta ahí por haber resistido a multitud de cosas, multitud de excitaciones, golpes, contrariedades. Detrás de él hay una especie de desván, desván de pulsiones amontonadas, pulsiones-tardías.
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Sueño: montón de hechos diversos, pequeños y variados hechos de la persona respetados en su totalidad, superficialmente, hechos diversos que reenvían a otros de cualquier fecha, hechos pasados donde cualquiera se encontrara repitiendo por qué fue atacado o turbado. Sueño-respuesta que devuelve la pelota. Entonces, ¿por qué quererlos interpretar a toda costa? Un sabio árabe responde: "Un sueño no interpretado recuerda a un pájaro que planea por encima de la casa sin posarse."
Esta reflexión puede aplicarse, sobre todo, a los sueños insistentes, que vuelven una y otra vez, provocando inquietud.
Pero sea como sea, el sueño aparecerá incongruente, enigmático, antes que misterioso.



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Modos del dormido, modos del que despierta
Henri Michaux (Namur (Bélgica), 24 de mayo de 1899 - París (Francia), 19 de octubre de 1984)

Poeta francés de origen belga, muy conocido también por sus pinturas y dibujos. Nació en Namur en el seno de una familia de clase media. En 1919 abandonó sus estudios de medicina y se embarcó en un largo viaje rumbo a Río de Janeiro y Buenos Aires. De regreso a París, en 1923, estudió literatura y después volvió a viajar hasta 1937 por la India, Asia y América del Sur. Su primer libro Quién fuí (1927) supuso su inmediato reconocimiento como escritor original, que superaba el terreno de los surrealistas, pese a sus afinidades con Rimbaud y Lautréamont. La trayectoria poética de Michaux fue desde el principio claramente espiritual: una vía para el conocimiento de sí mismo. Su creatividad verbal puede considerarse como un ejercicio visionario en el que las palabras, desligadas de su uso común, se emplean para transmitir más un impulso que un significado.