viernes, 8 de agosto de 2014

Tradición (Ramón Saizarbitoria)

Un día, entre los libros que mi madre tomaba prestados de la biblioteca, vi uno titulado Kandinsky y yo, una biografía del pintor escrita por su viuda, en la que cuenta una anécdota muy bonita. Al parecer, en la Rusia de los zares, las chicas jóvenes, siguiendo una antigua tradición, salían de casa la noche de fin de año y abordaban al primer hombre que en encontraban en la calle para preguntarle cómo se llamaba, puesto que existía la creencia de que se casarían con alguien del mismo nombre.
Una Nochevieja, Nina Kandinsky, igual que otras chicas jóvenes, salió a la calle, y el primer hombre con el que se encontró, un joven encantador según ella, le dijo que se llamaba Wassily. Sufrió una profunda decepción, pues siempre había soñado que su futuro marido se llamaría Gregor, un nombre tradicional de la vieja Rusia. Sin embargo, unos años más tarde, en 1916, conocería al famoso pintor Wassily Kandinsky, con quien contraería matrimonio y viviría feliz durante mucho tiempo.
Cuando leí la anécdota, estábamos ya a primeros de diciembre y, no sé por qué, chaladuras que le dan a una, se me metió en la cabeza que lo que valía en Rusia no tenía por qué no funcionar aquí, de manera que me propuse hacer la prueba.
Recuerdo que se me hicieron muy largos los días esperando que llegara la Nochevieja. A mí, me gustaba Aitor. Me sonaba bien ser la mujer de Aitor. Siempre me ha parecido un nombre serio, rotundo, muy de hombre y absolutamente nuestro. Pero no es que me gustase porque fuera muy nuestro, por lo del dios Thor y todas esas cosas mitológicas, ni tan siquiera porque pretendiera casarme, necesariamente, con un chico vasco; quiero decir que me hubiese gustado cualquiera que fuese agradable, sensible y guapo, en ese preciso orden...



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La tradición de Kandinsky
Ramón Saizarbitoria (San Sebastián, 21 de abril de 1944) 

Este libro muestra, en miniatura, las claves narrativas en las que se ha ido moviendo la narrativa de Ramon Saizarbitoria. Parece que el primer impulso creativo une dos sentidos distintos: una imagen (la reproducción del cuadro de Kandinsky) y una pequeña narración: la tradición de las muchachas rusas, que se narra en las primeras lineas del texto, mientras que la imagen del cuadro Yellow, red and blue cierra el relato en las ultimas paginas del texto.