jueves, 3 de julio de 2014

XY (Elisabeth Badinter)

En vez de ser incompatibles, hay que verlas como indisociables si se pretende aspirar al título de humano. Aunque una tradición milenaria las ha enfrentado, atribuyéndolas a uno u otro sexo, ahora estamos tomando consciencia de que las unas sin las otras pueden convertir el mundo en una pesadilla: el autocontrol se convierte en neurosis, el gusto por el riesgo en pulsión suicida, la resistencia se muda en agresión. Inversamente, las virtudes femeninas, hoy tan celebradas, si no son equilibradas por las masculinas conducen a la pasividad y la subordinación.
Las mujeres han comprendido todo esto un poco antes que los hombres y celebran ser la encarnación de esta humanidad reconciliada; pero se equivocan al sorprenderse ante el retraso masculino en sumarse a ellas. Al revés de lo que sucede en la vieja historia de la condenación de Eva, Dios es su cómplice. No sólo ha arrebatado el poder de procreación a Adán para dárselo a su compañera, sino que, además, ha acordado a las mujeres el privilegio de nacer de un vientre del mismo sexo. Les ha ahorrado así un trabajo de diferenciación y de oposición que marca de manera indeleble el destino masculino. El padre/madre puede atenuar el dolor de la separación y facilitar la adquisición de la identidad masculina, pero nunca podrá anular los efectos de la fusión originaria. Mientras las mujeres sigan dando a luz hombres y mientras XY se desarrolle en el seno de XX, siempre será un poco más largo y un poco más difícil hacer un hombre que una mujer. Para convencernos de ello basta imaginar la hipótesis inversa: si las mujeres nacieran de un vientre masculino ¿cuál sería el destino femenino?
Cuando los hombres tomaron consciencia de esa desventaja de la naturaleza, crearon un paliativo cultural de gran envergadura: el sistema patriarcal. Hoy en día, obligados a decir adiós al patriarca, deben reinventar el padre y la virilidad que comporta. Las mujeres, que observan esos mutantes con ternura, contienen la respiración...


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XY, la identidad masculina
Elisabeth Badinter (Boulogne-Billancourt, 5 de marzo de 1944)

Nacido de vientre de mujer, educado por ella en sus primeros años, el varón debe recorrer un largo camino para afirmar su identidad masculina. Los cambios experimentados en los últimos decenios, con la incorporación de la mujer a espacios tradicionalmente masculinos, hacen más largo e incierto este recorrido. El modelo patriarcal, vigente durante milenio, se ha roto en mil pedazos: ha llegado el momento de construir un nuevo ideal de virilidad que permita al hombre de hoy vivir en armonía con su entorno. La intención de XY. La identidad masculina es contribuir a la construcción de dicho modelo.