lunes, 20 de enero de 2014

Sonido (Milan Kundera)

Daban pasos de baile al sonido del piano y el violín, y Teresa apoyaba la cabeza en su hombro. Así tenía la cabeza cuando iban en el avión que los llevaba a través de la niebla. Sentía ahora la misma extraña felicidad y la misma extraña tristeza que en aquella ocasión. Esa tristeza significaba: hemos llegado a la última estación. Esa felicidad significaba: estamos juntos. La tristeza era la forma y la felicidad, el contenido. La felicidad llenaba el espacio de la tristeza.
Volvieron a la mesa. Bailó dos veces con el presidente y una vez con el joven, que ya estaba tan cansado que se cayó con ella en la pista.
Después subieron todos y fueron a sus habitaciones.
Tomás dio vuelta al interruptor y encendió la lámpara. Ella vio dos camas juntas; al lado de una de ellas, una mesa de noche con una lámpara, de cuya pantalla, espantada por la luz, voló una mariposa nocturna que se puso a dar vueltas por la habitación. De abajo llegaba tenue el sonido del piano y violín.


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La insoportable levedad del ser
Milan Kundera (Brno (República Checa), 1 de abril de 1929)

Esta es una extraordinaria historia de amor, o sea de celos, de sexo, de traiciones, de muerte y también de las debilidades y paradojas de la vida cotidiana de dos parejas cuyos destinos se entrelazan irremediablemente. Guiado por la asombrosa capacidad de Milan Kundera de contar con cristalina claridad, el lector penetra fascinado en la trama compleja de actos y pensamientos que el autor va tejiendo con diabólica sabiduría en torno a sus personajes. Y el lector no puede sino terminar siendo el mismo personaje, cuando no todos a la vez. Y es que esta novela va dirigida al corazón, pero también a la cabeza del lector.