viernes, 16 de enero de 2015

Polvo (Francisco de Quevedo)

Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera 
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso lisonjera; 


mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa. 


Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas, que humor a tanto fuego han dado,
médulas, que han gloriosamente ardido, 


su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.




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Poemas escogidos
Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 14 de septiembre de 1580 - Villanueva de los Infantes, 8 de septiembre de 1645)

Quevedo reflejó en su obra literaria una profunda contradicción entre el hombre político que vocacionalmente quiso ser y el poeta que supo escribir los más excelsos poemas satíricos, filosóficos y amorosos de nuestro Barroco. De la conjunción de estas dos facetas —intrínsecamente definitorias de su carácter— nace un pavoroso desengaño que lo empujará a sobrevivir en su refugio interior de creación y a escribir para vivir y padecer. Componer poesía lo obligó a plantear una nueva manera de conocer, proponer una vía de acercamiento a la realidad, determinar, en suma, múltiples perspectivas para vivir y sentir su época y traducirla a claves del desengaño.