miércoles, 25 de diciembre de 2013

Momento (Kazuo Ishiguro)

Estos momentos me sobrevienen cuando menos lo espero, cuando estoy conduciendo con algo completamente diferente en la cabeza. Así que, en cierto nivel inconsciente, quizá también yo estoy buscando Hailsham.
Pero, como digo, no lo busco deliberadamente, y, de todas formas, a finales de este año ya no estaré viajando continuamente de un sitio para otro. Así que, con toda probabilidad, yo no se me aparecerá en ninguna parte, y, pensándolo bien, me alegro de que así sea. Es como con mis recuerdos de Tommy y Ruth. En cuanto pueda llevar una vida más tranquila, sea cual sea el centro al que me destinen, Hailsham estará conmigo, a salvo, en mi cabeza, y será algo que ya nadie podrá arrebatarme jamás.
Lo único que me he permitido en este sentido -y una sola vez, un par de semanas después de oír que Tommy había "completado"- fue ir en el coche a Norfolk sin ninguna necesidad de hacerlo. Quizá tenía ganas de ver todas aquellas planicies vacías y los enormes cielos grises. En un momento dado me encontré en una carretera en la que nunca había estado, y durante aproximadamente media hora no supe dónde estaba, y no me importó lo más mínimo. Pasaba junto a campos y campos llanos, anodinos, prácticamente sin cambio alguno en el paisaje salvo cuando algún puñado de pájaros, al oír el motor del coche, levantaba el vuelo desde los surcos. Al final divisé unos cuantos árboles, no lejos del arcén, y conduje hacia ellos, y me detuve, y bajé del coche.



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Nunca me abandones
Kazuo Ishiguro (Nagasaki (Japón), 8 de noviembre de 1954)

A primera vista, los jovencitos que estudian en el internado de Hailsham son como cualquier otro grupo de adolescentes. Practican deportes, o tienen clases de arte donde sus profesoras se dedican a estimular su creatividad. Es un mundo hermético, donde los pupilos no tienen otro contacto con el mundo exterior que Madame, como llaman a la mujer que viene a llevarse las obras más interesantes de los adolescentes, quizá para una galería de arte, o un museo. Kathy, Ruth y Tommy fueron pupilos en Hailsham y también fueron un triángulo amoroso. Y ahora, Kathy K. se permite recordar cómo ella y sus amigos, sus amantes, descubrieron poco a poco la verdad. El lector de esta espléndida novela, utopía gótica, irá descubriendo que en Hailsham todo es una representación donde los jóvenes actores no saben que lo son, y tampoco saben que no son más que el secreto terrible de la buena salud de una sociedad.