domingo, 11 de septiembre de 2016

Lunar (Kim Thúy)

Y a los días, les metí en el paquete del almuerzo una notita, la misma que Luc me escribía al terminar cada mensaje, como si fuera una firma: "Te quiero, ángel mío".
Desde entonces, le peino el pelo a mi hija con los mismos movimientos que Luc, que adoraba cada uno de los míos. Asimismo, extiendo la crema en la espalda de mi hijo acariciándole la piel de la nuca.
Luego, una tarde, del brazo de Julie, me acerqué al gabinete de la esteticista vietnamita que me había contado que sus clientes le atribuían el poder de alterar el destino y de darles nuevas oportunidades tatuándoles unos lunares rojos en lugares estratégicos recomendado por los "lectores de destinos".
En la primera visita me tatuó un punto rojo en la linde la frente, un centímetro a la izquierda de la línea de la nariz. Concerté una segunda cita para un segundo lunar, en lo alto de la parte interior del muslo derecho, el día en que necesité una razón para mirar el cielo azul y esperar ver en él la estela de un avión. La tercera vez fue en honor de la hoja de arce japonés que Luc había enviado con el anillo que habíamos elegido juntos y que me encontré por casualidad entre dos hojas del diccionario. Había un jardín interior en la joya que albergaba una miniatura de ese árbol. La propietaria había dejado que Luc arrancase una hoja cuando acudió un mes más tarde para recoger el anillo ajustado a mi dedo. La cuarta vez nevaba muy ligeramente. Me cayó un copo gordo en la punta de la nariz, en el mismo lugar del que Luc me había quitado uno con los labios.
Las visitas a la esteticista me permitían reproducir en mi cuerpo los puntos rojos de Luc que me sabía de memoria. Creo que el día en que lleve todos los puntos tatuados, podré unirlos para dibujar el mapa de su destino en mi cuerpo. Y ese día, quizá se presente en mi puerta, me coja de la mano como lo hacía por instinto y me tape la boca con un beso para que no diga "Catástrofe".

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Mãn
Kim Thúy (Ciudad Ho Chi Minh, Vietnam, 19 de septiembre de 1968)
 
Oriente-Occidente. Saigón-Montreal. Es el trayecto de Mãn, una joven refugiada a la que su madre quiere proteger casándola con el propietario de un restaurante vietnamita exiliado en Canadá. Mãn ha aprendido a crecer sin sueños, a vivir sin necesitar apenas nada. Pero en la cocina, cuando reinterpreta las recetas de su infancia, las emociones se desatan: el jugo del tomate recuerda el sufrimiento de un pueblo, un postre acerca dos culturas, el modo tradicional de cortar un pimiento tiene mucho que decir sobre el arte de la seducción.
En un sutil vaivén entre pasado y presente, el aquí y el allá, Thúy dibuja un hermoso mosaico en el que se mezclan la memoria, el amor y ese extrañamiento (una forma distinta de acceso al saber) que produce el vivir muy lejos del lugar del que procedemos.