sábado, 7 de junio de 2014

Observación (J. Krishnamurti)

La esencia de las enseñanzas de Krishnamurti está contenida en la declaración que hizo en 1929 cuando dijo: "La Verdad es una tierra sin caminos". El hombre no puede llegar a ella a través de ninguna organización, de ningún credo, de ningún dogma, sacerdote o ritual, ni a través de algún conocimiento filosófico o alguna técnica filosófica. Ha de encontrarla gracias al espejo de la relación, a la comprensión de los contenidos de su propia mente, mediante la observación y no por medio del análisis intelectual o la disección introspectiva.

El hombre ha creado dentro de sí mismo a modo de barrera de seguridad, imágenes religiosas, políticas, personales que se manifiestan en símbolos, ideas y creencias. El peso de estas imágenes domina el pensamiento del hombre, sus relaciones y su vida cotidiana. Estas imágenes son la causa de nuestros problemas porque dividen a los seres humanos. Su percepción de la vida está moldeada por conceptos que la mente previamente establece. El contenido de su consciencia es toda su existencia. La individualidad es el nombre, la forma y la cultura superficial que recibe de la tradición y del entorno. La unicidad del hombre no yace en lo superficial, sino en la completa libertad del contenido de su consciencia, la cual es común a toda la humanidad. De modo que no es un individuo.

La libertad no es una reacción; la libertad no es elegir. Es una pretensión del hombre pensar que porque puede elegir es libre. La libertad es observación pura sin dirección, sin miedo al premio o castigo. La libertad no tiene motivo; la libertad no está al final de la evolución del hombre sino que yace en el primer paso de su existencia. En la observación, uno empieza a descubrir la falta de libertad. La libertad está en el darse cuenta (conciencia) sin elección en nuestra vida cotidiana y en nuestras actividades.

El pensamiento es tiempo. El pensamiento nace de la experiencia y el conocimiento, que son inseparables del tiempo y del pasado. El tiempo es el enemigo psicológico del hombre. Nuestras acciones se basan en el conocimiento y, por tanto, en el tiempo, de manera que el hombre es siempre un esclavo del pasado. El pensamiento es muy limitado y, por consiguiente, vivimos en conflicto y lucha constantes. No existe tal cosa como la evolución psicológica. Cuando el hombre se dé cuenta del movimiento de sus propios pensamientos, verá la división entre el pensador y el pensamiento, el observador y lo observado, el experimentador y la experiencia, y descubrirá que esta división es una ilusión. Tan sólo entonces puede darse una observación pura, la cual consiste en percibir sin la sombra del pasado o del tiempo. Esa percepción sin tiempo produce una mutación profunda y radical en la mente.

La negación total es la esencia de lo positivo. Cuando hay negación de todas esas cosas que el pensamiento ha creado psicológicamente, únicamente entonces hay amor, que es compasión e inteligencia.



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Jiddu Krishnamurti (Madanapalle (India), 12 de mayo de 1895 - Ojai, California, (Estados Unidos), 17 de febrero de 1986)

El texto fue escrito por Krishnamurti el 21 de octubre de 1980 a petición de Mary Lutyens, su biógrafa, en él se resume el aspecto central de sus enseñanzas.
J. Krishnamurti nos enseña que sólo librándonos del pensamiento condicionado es posible alcanzar la libertad y la realización personal. Sólo a través de esa transformación individual podrán mitigarse los conflictos vitales en las relaciones y la sociedad.