lunes, 11 de mayo de 2015

Verso (Rainer María Rilke)

Se debería esperar y saquear toda una vida, a ser posible una larga vida, y después, por fin, más tarde, quizá se sabrían escribir las diez líneas que serían buenas. Pues los versos no son como creen algunos, sentimientos (se tienen siempre demasiado pronto), son experiencias. Para escribir un solo verso es necesario haber visto muchas ciudades, hombres y cosas; hace falta conocer a los animales, hay que sentir cómo vuelan los pájaros y saber qué movimientos hacen las florecitas al abrirse por la mañana. Es necesario poder pensar en caminos de regiones desconocidas, en encuentros inesperados, en despedidas que hacía tiempo se veían llegar; en días de infancia cuyo misterio no está aún aclarado; en los padres a los que se mortificaba cuando traían una alegría que no se comprendía (era una alegría para otro); en enfermedades de infancia que comienzan tan singularmente, con tan profundas y graves transformaciones; en días pasados en las habitaciones tranquilas y recogidas, en mañanas al borde del mar, en la mar misma, en mares, en noches de viaje que temblaban muy alto y volaban con todas las estrellas -y no es suficiente incluso saber pensar en todo esto-. Es necesario tener recuerdos de muchas noches de amor, en las que ninguna se parece a la otra, de gritos de parturientas, y de leves, blancas, durmientes paridas, que se cierran. Es necesario haber estado al lado de los moribundos, haber permanecido sentado junto a los muertos, en la habitación, con la ventana abierta y los ruidos que vienen a golpes. Y tampoco basta tener recuerdos. Es necesario saber olvidarlos cuando son muchos, y hay que tener paciencia de esperar que vuelvan. Pues, los recuerdos mismos, no son aún esto. Hasta que no se convierten en nosotros, sangre, mirada, gesto, cuando ya no tienen nombre y no se les distingue de nosotros mismos, hasta entonces no puede suceder que en una hora muy rara, del centro de ello se eleve la primera palabra de un verso.



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Los apuntes de Malte Laurids Brigge
Rainer Maria Rilke (Praga, 4 de diciembre de 1875 - Val-Mont (Suiza), 29 de diciembre de 1926)

Los apuntes de Malte Laurids Brigge inauguran en la obra de Rainer Maria Rilke (1875-1926) una etapa caracterizada por la búsqueda de una nueva forma de expresión. Evocación literaria de la figura del noruego Sigbjorn Obstfelder, el libro es, sin embargo, mucho mas que una mera semblanza biográfica: así, contiene el universo entero del Rilke poeta, del hombre que sometió su existencia entera a su vocación, del esteta puro, y, además, todas las claves de su obra: la soledad, el sentido de la naturaleza, el amor y, por encima de todo, la muerte.