miércoles, 22 de enero de 2014

Transeúnte (Charles Baudelaire)

A una transeúnte

La calle atronadora aullaba en torno mío.
Alta, esbelta, enlutada, con un dolor de reina
Una dama pasó, que con gesto fastuoso
Recogía, oscilantes, las vueltas de sus velos,

Agilísima y noble, con dos piernas marmóreas.
De súbito bebí, con crispación de loco.
Y en su mirada lívida, centro de mil tomados,
El placer que aniquila, la miel paralizante.

Un relámpago. Noche. Fugitiva belleza
Cuya mirada me hizo, de un golpe, renacer.
¿Salvo en la eternidad, no he de verte jamás?

¡En todo caso lejos, ya tarde, tal vez nunca!
Que no sé a dónde huiste, ni sospechas mi ruta,
¡Tú a quien hubiese amado. Oh tú, que lo supiste!


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Las flores del mal
Charles Baudelaire (París, 9 de abril de 1821 - París, 31 de agosto de 1867)

La obra clave del padre del Simbolismo. Baudelaire retrata en estos poemas el amor, la depravación del hombre, la desesperación y la muerte sentando las bases de la estética de la vanguardia simbolista que influyo en autores como Rilke, Rimbaud o Valery. Baudelaire, que es aun un romántico, es ya un simbolista, esta siempre mostrándonos su corazón al desnudo, pero su verso va mas allá de la anécdota personal para adquirir el misterioso valor de la palabra en si. Se sueña a si mismo con una pasión y un arte que convierten el sueño en poesía, en musica significativa. Y detrás de los sueños, la fe y las palabras le hacen inmortal.