miércoles, 23 de septiembre de 2015

Terapeuta (Carl Rogers)

El primer elemento podría denominarse autenticidad, legitimidad o congruencia. Cuanto mayor sea la autenticidad del terapeuta en la relación con su cliente, sin disfraces profesionales ni personales, mayor será la probabilidad de que este último cambie y crezca de un modo constructivo. Esto significa que el terapeuta se abra al conjunto de sentimientos y actitudes que fluyan en su interior en un momento dado. El término "transparente" captura el sabor de dicha condición; el terapeuta se hace transparente ante el cliente; el cliente puede ver claramente lo que el terapeuta es en la relación; el cliente no experimenta retención alguna por parte del terapeuta. En cuanto al terapeuta, si lo que experimenta está a disposición de su consciente, puede ser vivido en la relación y comunicado si es apropiado. De ese modo habrá una compatibilidad absoluta, o congruencia, entre lo que se experimenta a nivel visceral, aquello de lo que se es consciente en un momento dado y lo que se expresa al cliente.
La segunda actitud importante para la creación de un clima favorable al cambio es la aceptación, el cariño o el aprecio, o lo que yo denomino "visión incondicionalmente positiva". Cuando el terapeuta experimenta una actitud positiva y de aceptación hacia lo que el cliente sea en un momento determinado, aumenta la probabilidad de que el movimiento o cambio terapéutico tenga lugar. El terapeuta está dispuesto a que el cliente sea lo que sus sentimientos inmediatos le dicten: confusión, resentimiento, miedo, ira, valor, amor u orgullo. Ese cariño por parte del terapeuta no es posesivo. Aprecia al cliente, no de un modo condicional sino en su totalidad.
El tercer aspecto facilitativo de la relación lo constituye la capacidad de proyección de la comprensión. Esto significa que el terapeuta percibe con precisión los sentimientos e intenciones que el cliente experimenta, y le hace partícipe de su comprensión. En situaciones óptimas, el terapeuta se introduce hasta tal punto en el mundo privado de su interlocutor, que no sólo es capaz de clarificar los pensamientos de los que el cliente es consciente, sino los que están ligeramente sumergidos en su subconsciente. Este modo sensible y activo de escuchar es sumamente excepcional en nuestras vidas. Creemos que escuchamos, pero raramente lo hacemos con auténtica comprensión, realmente proyectándonos. Sin embargo, esta forma especial de escuchar constituye una de las fuerzas más potentes que conozco. 



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El camino del ser
Carl Rodgers (Oak Park, Illinois, EEUU, 8 de enero de 1902  - San Diego, California, EEUU, 4 de febrero de 1987)

La obra de Carl Rogers no puede separarse de su propia vida y de la aplicación de su verdad existencial: cada uno de nosotros lleva consigo la posibilidad de llegar a ser auténticamente sí mismo. Tal es “El camino del ser”, donde la vida es entendida como proceso de cambio y crecimiento, y uno de cuyos postulados es que todo individuo posee potencialmente la competencia necesaria para la solución de sus problemas. Ser realmente uno mismo, aceptar incondicionalmente al otro, alcanzar la “congruencia”, centrar la terapia en el cliente. He aquí expresiones que se han hecho ya clásicas y que han ejercido enorme influencia dentro de la llamada psicología humanista. "El camino del ser" es un libro donde precisamente se recorre la vida y el proceso de Carl Rogers a lo largo de estos últimos años. Carl Rogers es unánimemente reconocido como uno de los grandes autores de la psicología del siglo XX. Su obra, abundante y a menudo polémica, ha sido traducida a todos los idiomas.