viernes, 10 de enero de 2014

Profecía (Pablo Neruda)

Hace ahora cien años exactos, un pobre y espléndido poeta, el más atroz de los desesperados, escribió esta profecía: A l'aurore, armés d'une ardente patience, nous entrerons aux splendides Villes. (Al amanecer, armados de una ardiente paciencia, entraremos a las espléndidas ciudades).
Yo creo en esa profecía de Rimbaud, el vidente. Yo vengo de una oscura provincia, de un país separado de todos los otros por la tajante geografía. Fui el más abandonado de los poetas y mi poesía fue regional, dolorosa y lluviosa. Pero tuve siempre confianza en el hombre. No perdí jamás la esperanza. Por eso tal vez he llegado hasta aquí con mi poesía, y también con mi bandera.
En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres.
Así la poesía no habrá cantado en vano.



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Confieso que he vivido
Pablo Neruda (Parral, 12 de julio de 1904 - Santiago de Chile, 23 de septiembre de 1973) 

Neruda narra, con la inigualable potencia verbal que caracteriza a sus mejores escritos, no solo los principales episodios de su vida, sino las circunstancias que rodearon la creación de sus poemas mas famosos. Magistralmente, el autor expone tanto su concepción del arte y de la poesía cuanto los motivos que le llevaron a defender hasta el final de su vida sus conocidas posiciones políticas. De forma no menos brillante, rememora la figura de algunos amigos: García Lorca, Alberti, Miguel Hernandez, Eluard, Aragon y su relacion con personajes destacados de la política contemporánea