lunes, 31 de marzo de 2014

Vocación (Antonio López)

Descubrimiento de una vocación

De entrada, pues, puedo decir que llevo trabajando desde el año 49, hace ya más de 50 años. Tenía entonces 11 años y mi tío, Antonio López Torres, vio las cosas claras en aquella época -10 años después de acabar la guerra- y me prestó atención. Se puso conmigo a trabajar y convenció a mi padre de que, quizá, valía para la pintura. ¡Como si eso fuera tan fácil de saber! Él parece que lo vio muy claro y me embarcó en esto.
Yo, la verdad, estaba absolutamente deslumbrado, porque me salvó de algo que me horrorizaba: el trabajo en un oficina o el aterrizaje forzoso en cualquier tienda o fábrica de alcoholes de Tomelloso. No quería trabajar en el campo, tampoco quería trabajar en el pueblo.
Y esto, al final, me hizo descubrir el mundo del arte. Mi tío me dejó allí, en la Academia de San Fernando, y se volvió con mi padre. Y allí me quedé yo solo... Ahí empezó mi segunda vida -mi vida, digamos-, quizá más larga, que me ha permitido conocer tantas cosas, tantas personas extraordinarias y, bueno, todavía estoy en ello, en mi trabajo, que es el trabajo del arte.




________________________________________________________________________
 
En torno a mi trabajo como pintor
Antonio López (Tomelloso, 6 de enero de 1936)
 
La simplicidad de este austero famoso aparece en toda su crudeza en las apenas ochenta páginas de En torno a mi trabajo como pintor, aunque en este caso no puede culpársele a él enteramente de lo que en muchos momentos adquiere la categoría de simpleza; «no» se trata de un libro suyo, ni siquiera de una obra en la que el pintor se exprese articuládamente ante un entrevistador. Invitado como profesor titular de la Cátedra Jorge Guillén, y hablando de un modo evidentemente informal, sin notas y sin programa, en la llamada Aula Triste de la Universidad de Valladolid (ambos organismos coeditan el libro junto con un par de pagadores institucionales), Antonio López peroró, mostró cuadros propios y dio pistas sobre su técnica, y el carácter divagatorio, elemental, inconcluso, queda expuesto de modo patente y a veces chocante en las páginas de la publicación, quizá levemente corregidas por él mismo.