miércoles, 10 de septiembre de 2014

Atenerse (André Comte-Sponville)

¿Trabajas sobre ti mismo, con vistas a perfeccionarte?
¿Y eso qué es sino vivir? ¿Qué es sino filosofar? Vivir es hacer siempre el esfuerzo de vivir, venía a decir Lagneau, y es la mejor definición del conatus de Spinoza y de la vida. ¿Quién se prestaría a existir menos? ¿Quién no quiere mejorar, elevarse, medrar? Está bien claro que hay que aceptarse, ¡pero no nos resignemos demasiado pronto a nuestra bajeza, a nuestra debilidad, a nuestra mediocridad! La vida es una aventura, puede serlo y debe serlo. Aceptarse, sí, pero sin arrodillarse ante uno mismo, ni tumbarse. Se trata de vivir: se trata de avanzar, de hacer tantos progresos como se pueda. Pero tampoco nos dejemos engañar por ese "trabajo" ni por ese "perfeccionamiento". La vida continúa, eso es todo, y nosotros también, y cada uno se las arregla como puede. La perfección, evidentemente, no está a nuestro alcance, pero partimos de tan abajo que no tiene nada de imposible progresar al menos un poco... Ese es el sentido de Ícaro en mi primer libro. Simboliza ese movimiento de ascención, que es la vida misma: se trata de superar la pendiente de la entropía, del cansancio o de la muerte, de subir al asalto del cielo, como decía Marx, consciente de que, a fin de cuentas, la caída es inevitable... ¡Pero renunciar a vivir so pretexto de que no se ha de vivir siempre sería una idea bien curiosa! "Hay que atenerse a lo difícil!, escribía Rilke; es lo mismo que atenerse a la vida. Atenerse a ella más bien que aferrarse a ella. Es lo que Pavese llama el oficio de vivir: efectivamente, es un trabajo, y el único que justifica todos los demás. ¿Vale eso la pena? Que lo diga cada uno. En cuanto a mí, hasta ahora, encuentro que no sólo vale la pena sino hasta el placer, pero el uno no va sin la otra. Por eso se necesita entereza y por eso ésta no basta. No es una casualidad que la palabra suficiencia tenga sobre todo el sentido de defecto o ridículo. Ser suficiente es estar lleno de si mismo, es tomarse en serio, ser un fatuo, un pretencioso, un presuntuoso, un despreciativo...¡Todo lo opuesto a la sabiduría! De hecho, ¿qué es lo contrario de la suficiencia?
¿La humildad?, ¿la modestia?, ¿la simplicidad?
Sí, la humildad, la modestia, la simplicidad... Y también, aunque ya más lejana, la lucidez (tomarse en serio es carecer de ella), la gracilidad, el respeto (por oposición al desprecio), la sencillez, la simpatía, el humor, el amor... Cuántas palabras hermosas para terminar, ¿no crees?


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El amor, la soledad
André Comte-Sponville (París, 12 de marzo de 1952)

El amor y la soledad van siempre juntos: no son dos contrarios, sino dos reflejos de una misma luz, que es la vida. Sin esta luz no valdría la pena dedicar a la filosofía ni una sola hora. Esta es la tesis del presente libro, que no es simplemente un libro de filosofía, sino mas bien el libro de un filosofo sobre lo que la filosofía y la vida le han enseñado, sobre lo que el ha aprendido... Es todo lo contrario de un sistema o de un tratado, sin llegar a ser un ensayo.